La teniente humillada en el bosque que regresó para dar una lección inolvidable
Una broma helada en el bosque
Valeria, una joven teniente de la Guardia Civil, se encontraba atada firmemente al tronco rugoso de un viejo roble en la Sierra de Guadarrama. El frío invernal calaba sus huesos, y la nieve caía lentamente sobre sus hombros, tiñendo de blanco su impecable uniforme de gala verde oliva. A su alrededor, tres de sus compañeros de patrulla reían a carcajadas, disfrutando de lo que parecía ser una novatada cruel. El cabo Mateo, con una sonrisa burlona dibujada en el rostro, se acercó a ella con paso firme.
—¿Tú eres general? —preguntó Mateo con una voz cargada de ironía, desatando una nueva oleada de risas entre los otros oficiales.
Valeria intentaba sonreír a través de las lágrimas que el frío extremo y la impotencia hacían brotar de sus ojos. Pensaba que, si mostraba debilidad, el tormento duraría más. Mateo, de manera juguetona pero firme, colocó su mano sobre la boca de la joven, silenciando sus suaves sollozos, para luego cubrirle los ojos con suavidad. Valeria sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura ambiente. Había algo en la mirada de sus compañeros que no encajaba con una simple broma de cuartel.

Las risas cesaron de golpe cuando el sonido de un motor se escuchó a lo lejos. Los tres oficiales se miraron entre sí, compartiendo una complicidad silenciosa que heló la sangre de Valeria. Sin decir una palabra más, se dieron la vuelta y subieron al vehículo oficial, dejándola completamente sola, atada al árbol en mitad de la tormenta que comenzaba a arreciar en el bosque solitario.
”Sin decir una palabra más, se dieron la vuelta y subieron al vehículo oficial, dejándola completamente sola, atada al árbol en mitad de l…