La teniente humillada en el bosque que regresó para dar una lección inolvidable
Anteriormente: Valeria pensó que sus compañeros de la Guardia Civil solo le gastaban una broma pesada en la nieve, pero la verdad detrás de sus risas era una traición que casi le cuesta la vida.
La sombra de la traición
El tiempo pasó con una lentitud tortuosa. Valeria sentía que sus dedos perdían la sensibilidad y que la hipotermia empezaba a nublar su mente. Justo cuando creía que perdería el conocimiento, el crujido de la nieve bajo unas botas pesadas la obligó a levantar la cabeza. De la densa niebla emergió Javier, su prometido y también oficial de la comandancia. Al verlo, una chispa de esperanza se encendió en el pecho de Valeria.
—¡Javier, gracias a Dios! Sácame de aquí, por favor, ya no siento las manos —suplicó ella con la voz temblorosa.
Sin embargo, Javier no se apresuró a desatar los nudos. Se detuvo a un par de metros, encendió un cigarrillo con calma y la contempló con una frialdad espantosa. En ese instante, Valeria recordó la acalorada discusión que habían tenido la noche anterior. Ella había descubierto un registro de aduanas falsificado que implicaba a varios altos cargos en una red de contrabando. Javier le había rogado que destruyera las pruebas, pero ella se había negado rotundamente, fiel a su juramento de proteger la ley.

—Te dije que no jugaras a ser la heroína, Valeria —dijo Javier, expulsando el humo del cigarrillo—. Esto no es una broma. Es tu última oportunidad para decirme dónde escondiste las copias físicas del informe.
Valeria comprendió con horror que el hombre con el que planeaba casarse era el cerebro detrás de su captura. No era una novatada; era un secuestro orquestado para silenciarla. Al ver que ella guardaba silencio, apretando los dientes con determinación, Javier sacó su teléfono y realizó una llamada corta. Pocos minutos después, un todoterreno negro sin placas apareció entre los pinos. Dos hombres corpulentos y con el rostro cubierto bajaron del vehículo. Javier la miró por última vez, arrojó la colilla al suelo y subió a su coche, abandonándola en manos de los criminales.
”Javier la miró por última vez, arrojó la colilla al suelo y subió a su coche, abandonándola en manos de los criminales.