Me enviaron a prisión por un crimen ajeno, pero no me dejaré pisotear
El despertar en el patio
El sol de justicia caía plomizo sobre el patio de cemento de la prisión provincial, agrietado por los años y el abandono. En ese pedazo de suelo cercado por alambres de espino, la tensión se respiraba en cada rincón. Sara observaba desde un banco desgastado, con la mirada perdida y el alma cansada de cargar con una culpa que no le pertenecía. La traición de su familia la había arrastrado a ese infierno, pero allí dentro, las reglas del juego eran distintas y letales.
De repente, el silencio relativo del patio se rompió con un golpe seco. Valeria, una reclusa robusta de pelo teñido de un rubio platino chillón, acababa de empujar con desprecio a una joven recién llegada, haciéndola caer sobre la grava sucia. Las risas burlonas de las demás prisioneras no tardaron en resonar como un eco siniestro contra los muros de hormigón.

A pocos pasos, Roxy, la líder indiscutible del módulo, contemplaba la escena con una frialdad que helaba la sangre. Con su característico corte de pelo estilo píxie y una actitud de absoluta superioridad, señaló a la víctima con un dedo acusador.
—Esa es la nueva —dijo Roxy, con una sonrisa cargada de malicia.
Tras una nueva oleada de risas cómplices de su séquito, la mirada de Roxy se volvió aún más intensa. Dio un paso al frente, marcando su territorio con una autoridad incuestionable.
—Ella no le pertenece a nadie. Ahora es mía —sentenció con firmeza.
Fue en ese instante cuando algo se rompió dentro de Sara. Cansada de callar y de ver cómo los fuertes aplastaban a los débiles, se puso en pie. Con paso firme y decidido, cruzó el patio bajo la atenta mirada de las reclusas. Valeria, al verla acercarse con actitud desafiante, no dudó en lanzar un puñetazo salvaje. Sin embargo, Sara esquivó el golpe con una agilidad sorprendente, respondiendo con una combinación rápida y precisa de golpes que envió a Valeria de espaldas sobre el banco. Sin mirar atrás, Sara se alejó victoriosa, dejando al patio sumido en un silencio sepulcral.
”Sin mirar atrás, Sara se alejó victoriosa, dejando al patio sumido en un silencio sepulcral.