El rescate de mi protector cuando mi esposo intentó destruirme en el castillo familiar
El viento helado de la tarde golpeaba los muros de piedra del antiguo castillo familiar en Segovia, pero el frío que Camila sentía en el pecho no se debía al clima. Vestida con un elegante vestido verde azulado que marcaba su avanzado embarazo de siete meses, se encontraba de rodillas sobre el suelo empedrado del patio principal. Frente a ella, su esposo, Maximiliano, con su impecable traje marrón oscuro desfigurado por la rabia, la sostenía brutalmente del cabello rubio.
Una traición bajo los muros de piedra
—¡No vas a arruinar la dinastía que he construido, Camila! —gritó Maximiliano, tirando de ella con una violencia salvaje—. Este hijo es mío, y tú no eres más que un vientre de alquiler para esta familia.

A pocos pasos, Sabrina, con un deslumbrante pero gélido vestido dorado metalizado, observaba la escena. Aunque fingía intentar detenerlo extendiendo las manos con timidez, sus ojos brillaban con una ambición silenciosa. Sabía que la caída de Camila significaba su ascenso al poder absoluto dentro del clan.
—¡Suéltala ya, Maximiliano! Alguien podría vernos desde las almenas —susurró Sabrina, más preocupada por el escándalo que por la vida de la mujer embarazada.
Camila sollozó, protegiendo su vientre con ambas manos mientras el dolor físico y la humillación la consumían. Justo cuando pensaba que perdería el conocimiento y a su futuro hijo, el eco de unos pasos firmes resonó en el patio. De las sombras del arco de entrada emergió Abraham, el patriarca de la familia, a quien todos daban por retirado y debilitado. Con su pulcro cabello blanco y su imponente abrigo gris de invierno, corrió con una energía asombrosa y, sin dudarlo, lanzó un certero puñetazo que envió a Maximiliano directamente al suelo. Con infinita ternura, el anciano ayudó a Camila a levantarse, estrechándola en un abrazo protector.
”Con infinita ternura, el anciano ayudó a Camila a levantarse, estrechándola en un abrazo protector.