Venganza · Historia

La humillación pública que desenterró el secreto más oscuro de la familia de Hugo

La humillación pública que desenterró el secreto más oscuro de la familia de Hugo — Parte 1
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La humillación en el comedor

El bullicio de la cafetería del Instituto San Marcos era ensordecedor. Era la hora del almuerzo y las mesas estaban abarrotadas de estudiantes que reían, compartían confidencias y planeaban el fin de semana. En una esquina apartada, cerca de las taquillas de metal gris, se encontraba Iker. Con los cascos puestos y la mirada fija en su ordenador portátil, intentaba aislarse del ruido exterior para concentrarse en las complejas líneas de código de su proyecto final de bachillerato tecnológico.

De pronto, una sombra alargada se proyectó sobre mi mesa, bloqueando la luz fluorescente del techo. Antes de que Iker pudiera levantar la cabeza para ver de quién se trataba, un chorro helado y pegajoso cayó directamente sobre su coronilla, empapándole el cabello y deslizándose por el interior de su sudadera gris oscuro. El líquido oscuro goteaba implacable sobre el teclado de su ordenador.

La humillación pública que desenterró el secreto más oscuro de la familia de Hugo

Era refresco de cola. A su lado, sosteniendo la lata vacía con una sonrisa cargada de desprecio, estaba Hugo. Vestía la llamativa chaqueta deportiva morada con el escudo del instituto, el símbolo indiscutible de su estatus como el chico más popular y temido del centro educativo.

El silencio se apoderó de la cafetería de forma instantánea. Decenas de ojos se clavaron en la escena, esperando la reacción de la víctima habitual.

¿Qué te pasa, chico? ¿Te ha comido la lengua el gato?

Preguntó Hugo con un tono burlón que desató algunas risas nerviosas entre sus amigos cercanos. Iker, con la cara empapada y los ojos ocultos bajo la capucha húmeda, respiró hondo. Sintió una ira fría recorrerle las venas, pero no flaqueó. Con una calma asombrosa, se puso en pie lentamente, quedando cara a cara con su acosador. Su mirada era de una furia silenciosa pero absoluta.

¿Has terminado?

Preguntó Iker con voz firme y gélida. Hugo, desconcertado por la falta de miedo de su víctima, tragó saliva antes de responder con arrogancia afectadísima.

Bien.

Iker sostuvo la mirada de Hugo durante unos segundos eternos, sintiendo que el equilibrio de poder en ese instituto acababa de cambiar para siempre.

Ahora me toca a mí.

Hugo, desconcertado por la falta de miedo de su víctima, tragó saliva antes de responder con arrogancia afectadísima.Bien.Iker sostuvo la…