El misterioso motero que interrumpió mi huida para salvarme de mi propio destino
El encuentro bajo la tormenta
El aire otoñal de Asturias cortaba como un cuchillo templado. Abigaíl apretó los dientes, ajustándose el gorro de lana azul que apenas lograba protegerla de la llovizna persistente. Descendió los fríos escalones de hormigón del instituto con paso apresurado, aferrando la mochila contra su pecho como si en ella guardara su vida entera. Y en cierto modo, así era. No miró atrás; sabía que si lo hacía, el miedo la paralizaría por completo. Su padrastro, Manuel, había convertido las últimas semanas en un auténtico infierno de amenazas y control, dejándole como única salida la huida.
Al llegar al asfalto mojado del aparcamiento, un rugido metálico y ensordecedor rompió el silencio del atardecer. Un grupo de motocicletas de gran cilindrada apareció desde la niebla, bloqueando la salida principal. Las enormes máquinas levantaban una estela de agua a su paso antes de detenerse en un semicírculo perfecto. Abi se quedó inmóvil, sintiendo cómo el pánico le oprimía la garganta. ¿Acaso eran matones enviados por Manuel para arrastrarla de vuelta a casa?

El líder del grupo, un hombre de aspecto rudo, barba descuidada y una imponente chaqueta de cuero negro, apagó el motor de su moto. Se quitó el casco con parsimonia, revelando unos ojos oscuros que escudriñaron a la joven con una mezcla de firmeza y compasión. La tensión en el ambiente era casi sólida, rota únicamente por el goteo constante de la lluvia sobre el metal caliente.
Parece que no tienes claro adónde vas. Quizá podamos indicarte el camino correcto.
La voz de aquel extraño era profunda, desprovista de cualquier hostilidad inmediata, pero cargada de una autoridad innegable. Abi dio un paso atrás, buscando desesperadamente una vía de escape entre las sombras del viejo edificio de ladrillo rojo, consciente de que su destino dependía de los próximos segundos.
”Abi dio un paso atrás, buscando desesperadamente una vía de escape entre las sombras del viejo edificio de ladrillo rojo, consciente de q…