El misterioso motero que interrumpió mi huida para salvarme de mi propio destino
Anteriormente: Abi intentaba escapar de las garras de su padrastro en una tarde gris, cuando un grupo de moteros liderado por un extraño cambió su vida para siempre.
La trampa descubierta
—¿Quién eres? —preguntó Abi, con la voz temblorosa, intentando mantener la compostura—. No quiero problemas. Déjame pasar, por favor.
El motero suspiró, bajándose de la máquina con movimientos lentos para no alarmarla. Los otros miembros del grupo permanecieron en silencio, como centinelas en la penumbra. El hombre metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta pesada. Abi contuvo el aliento, temiendo lo peor. Sin embargo, lo que extrajo no fue un arma, sino un pequeño objeto de plata que brilló débilmente bajo la luz mortecina de las farolas.

Era un colgante con forma de ala de ángel, idéntico al que la madre de Abi le había regalado antes de fallecer. La joven sintió un vuelco en el corazón. Aquella joya era única, diseñada exclusivamente para su familia.
—Me llamo Vega —dijo el hombre, sosteniendo el amuleto—. Tu madre me pidió que vigilara tus pasos si las cosas se ponían feas con Manuel. Tu padrastro tiene hombres vigilando la estación de tren y la de autobuses ahora mismo. Si vas allí, te atraparán antes de que puedas comprar un billete. Tienes que venir con nosotros si quieres ser libre.
La revelación dejó a Abi sin aliento. Aunque la desconfianza seguía presente, la mención de su madre y la inminente amenaza de Manuel la empujaron a tomar una decisión desesperada. Aceptó el casco que Vega le ofrecía y subió a la motocicleta. Minutos después, el grupo se deslizaba por las carreteras secundarias, esquivando el peligro.
Se refugiaron en un antiguo taller mecánico abandonado a las afueras de la ciudad. Pero la tregua duró poco. Apenas apagaron los motores, el chirrido de unos neumáticos rompió la calma. Tres vehículos negros irrumpieron en el recinto, bloqueando la entrada. De uno de ellos descendió Manuel, con una sonrisa triunfal y despiadada en el rostro, flanqueado por varios matones armados.
”De uno de ellos descendió Manuel, con una sonrisa triunfal y despiadada en el rostro, flanqueado por varios matones armados.