Segundas oportunidades · Historia

Acorralada entre los muros de prisión, una desconocida arriesgó su vida para salvarme

Acorralada entre los muros de prisión, una desconocida arriesgó su vida para salvarme — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Cuando Claudia fue acorralada por la reclusa más peligrosa del patio, pensó que su vida había terminado. Sin embargo, la intervención de la misteriosa Blanco cambió las reglas del juego en la prisión.

Secretos tras los barrotes

La advertencia de Blanco quedó grabada a fuego en la mente de Claudia durante el resto del día. En el comedor, el ambiente era tenso; las miradas de odio de Sara prometían que aquello no había terminado. Para sorpresa de Claudia, Blanco se sentó frente a ella en la mesa metálica, manteniendo la vista baja mientras removía su rancho.

—No creas que estás a salvo, Claudia —dijo Blanco en un hilo de voz—. Sara no va a parar. Y no es solo por el peaje del patio. Ella sabe perfectamente quién eres.

Claudia sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. ¿Cómo era posible que una desconocida en prisión supiera su nombre y su historia?

Acorralada entre los muros de prisión, una desconocida arriesgó su vida para salvarme
—¿De qué estás hablando? Yo no he hecho nada, estoy aquí por una trampa de mi exnovio —respondió Claudia, al borde de las lágrimas.
—Exacto —asintió Blanco, mirándola por fin a los ojos—. Tu exnovio trabaja para el hermano de Sara. Te tendieron la trampa con la droga para silenciarte. Sabían que habías descubierto sus desvíos de dinero en la empresa. Y ahora que estás aquí, el plan es asegurarse de que nunca salgas a testificar en el juicio de apelación.

La revelación golpeó a Claudia como un mazo. No era una simple mala suerte; era una conspiración para acabar con su vida. Desesperada, miró a su protectora implorando ayuda.

Blanco deslizó discretamente por debajo de la mesa una pequeña llave de metal oxidado, ocultándola entre las manos temblorosas de Claudia.

—Esta llave abre la reja del pasillo de mantenimiento detrás de las duchas —susurró Blanco—. Esta noche, cuando las funcionarias hagan el cambio de turno a medianoche, Sara entrará en tu celda con un duplicado. Tienes que salir antes de que llegue. Encuéntrame en las duchas.

El toque de queda resonó en los altavoces, obligándolas a separarse. Encerrada en su celda, Claudia vio pasar las horas con el corazón desbocado. A las doce en punto, tal como Blanco había predicho, el eco de unos pasos sigilosos resonó en el pasillo. La cerradura de su celda comenzó a girar lentamente.

La cerradura de su celda comenzó a girar lentamente.