Segundas oportunidades · Historia

La alianza secreta en prisión que cambió mi destino para siempre

La alianza secreta en prisión que cambió mi destino para siempre — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Cuando Ana ingresó en la prisión de Cruz del Sur, pensó que no sobreviviría al primer día. Pero una inesperada aliada arriesgó todo para cambiar las reglas del juego en el patio.

La venganza entre rejas

La humillación de Rosa en el patio no tardaría en tener consecuencias. En una prisión como Cruz del Sur, el respeto se gana con sangre, y Rosa había perdido el suyo ante toda la población reclusa. Esa misma noche, el ambiente en el módulo de mujeres era inusualmente silencioso. Las luces se apagaron antes de tiempo, una señal clara de que los guardias del turno de noche habían sido convenientemente recompensados para mirar hacia otro lado.

Natalia permanecía despierta en su litera, con los sentidos alerta. De repente, el sonido metálico de la cerradura de su celda la puso en pie de un salto. La puerta se abrió lentamente para dar paso a Rosa, Beatriz y dos secuaces más. En sus manos brillaban rudimentarios estiletes carcelarios fabricados con metal afilado.

La alianza secreta en prisión que cambió mi destino para siempre
—¿Pensaste que un par de golpes te harían la reina de este lugar, Natalia? —susurró Rosa con una sonrisa cargada de veneno—. Hoy vas a aprender que aquí nadie sobrevive gratis.

En la celda contigua, Ana observaba la escena temblando de terror, sabiendo que ella era la verdadera razón de este asalto. Rosa reveló entonces el oscuro secreto que las unía fuera de prisión: Ana era la hija del juez que había condenado al hermano de Rosa a cadena perpetua. La agresión en el patio no había sido un abuso fortuito, sino una venganza planeada desde el exterior.

«Tu pequeña amiga va a pagar por lo que hizo su padre, y tú vas a caer con ella por meterte donde no te llaman», amenazó Rosa mientras daba un paso al frente con el arma en alto. Natalia se posicionó defensivamente, protegiendo con su propio cuerpo el acceso a la celda de Ana. Estaba acorralada, superada en número y sin armas, pero su determinación de proteger a la joven era más fuerte que el miedo a morir esa noche.

Estaba acorralada, superada en número y sin armas, pero su determinación de proteger a la joven era más fuerte que el miedo a morir esa n…