Segundas oportunidades · Historia

Ámbar arriesgó su vida en prisión para salvar a una inocente de sus verdugos

Ámbar arriesgó su vida en prisión para salvar a una inocente de sus verdugos — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Ámbar intervino para salvar a una joven reclusa de las garras de la temible Vera, no imaginaba que ese acto de valentía desenterraría un oscuro secreto del pasado que cambiaría su condena para siempre.

El pacto con el diablo

El castigo por alterar el orden no se hizo esperar. Ámbar fue recluida en una celda de aislamiento, donde el silencio y la oscuridad total devoraban las horas. Allí, entre las paredes frías, se preguntó si defender a Jésica había sido el error definitivo que sepultaría su juventud tras las rejas. Sin embargo, al cuarto día, el chirrido de la puerta de hierro interrumpió su encierro. Dos guardias de aspecto severo la esposaron y la guiaron por un laberinto de pasillos hasta una sala de visitas reservada.

Al otro lado del cristal blindado no estaba su abogado, sino una figura que desató una tormenta de rabia en su pecho: Alejandro Vargas. Aquel hombre de negocios, cuya inmensa fortuna e influencia política habían servido para fabricar las pruebas falsas que condenaron a Ámbar por un fraude millonario que ella jamás cometió, la miraba con una expresión de absoluta desesperación, desprovisto de su habitual arrogancia.

Ámbar arriesgó su vida en prisión para salvar a una inocente de sus verdugos

Ámbar tomó el intercomunicador con dedos rígidos por la tensión. Antes de que pudiera escupir su desprecio, Alejandro habló con una voz quebrada:

—La chica que salvaste de Vera... Jésica... es mi hija. Su verdadero nombre es Sofía. Sus enemigos políticos me la arrebataron y la metieron aquí usando identidades falsas para destruirme.

El corazón de Ámbar dio un vuelco. El destino jugaba con una ironía macabra: la vida de la hija de su peor enemigo estaba ahora entrelazada con la suya.

—Quiero proponerte un trato, Ámbar —continuó Alejandro, pegando su mano al cristal—. Sé que destruí tu vida para salvar mi imperio, pero si proteges a mi hija dentro de estos muros durante las próximas horas, te entregaré los documentos originales que demuestran tu inocencia. Mañana mismo serás una mujer libre.

Antes de que Ámbar pudiera sopesar aquella oferta tan tentadora como peligrosa, las luces de la prisión parpadearon y se tornaron rojas. Una sirena ensordecedora comenzó a aullar, anunciando el caos absoluto: un motín generalizado acababa de estallar en el módulo de mujeres, y las puertas de las celdas se abrían sin control.

Una sirena ensordecedora comenzó a aullar, anunciando el caos absoluto: un motín generalizado acababa de estallar en el módulo de mujeres…