Traición · Historia

La policía la arrestó por un crimen falso, pero un oficial descubrió la verdad

La policía la arrestó por un crimen falso, pero un oficial descubrió la verdad — Parte 2
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Anteriormente: Claudia fue detenida a las puertas del ayuntamiento bajo falsas acusaciones. Al resistirse al arresto, desató una cadena de revelaciones que cambiarían la vida de dos oficiales para siempre.

Secretos en la sala de interrogatorios

Una vez dentro del edificio, la tensión no hizo más que aumentar. El oficial Bravo ayudó a levantar a Claudia y la guiaron rápidamente hacia una austera sala de interrogatorios en el sótano. Mendoza se frotaba la espinilla con gesto de dolor, visiblemente molesto por el altercado público.

—¿En qué estabas pensando, muchacha? —dijo Mendoza, cerrando la puerta con pestillo—. Agredir a un agente de la ley solo va a complicar tu caso. Ahora tienes cargos por resistencia a la autoridad.
—No me importan sus cargos —respondió Claudia, recuperando el aliento mientras se sentaba en la silla metálica—. Lo único que me importa es que Don Julián va a salirse con la suya si nadie investiga lo que descubrí en su oficina. Él desvió los fondos de las viviendas sociales y ahora me acusa de robo para silenciarme.

Al escuchar el nombre de Don Julián, la expresión de Mendoza cambió por completo. El cansancio de su rostro dio paso a una profunda palidez. Miró a Bravo y luego volvió su vista hacia la joven detenida.

La policía la arrestó por un crimen falso, pero un oficial descubrió la verdad
—¿Don Julián? ¿Cómo sabes tú de sus negocios? —preguntó el veterano con voz temblorosa.
— Porque mi padre era Tomás Silva, el inspector de obras que murió hace diez años en un supuesto accidente —reveló Claudia, clavando su mirada en los ojos del policía—. Él me dejó una carta donde mencionaba que su compañero, el oficial Mendoza, era el único en quien podía confiar si algo le pasaba. ¿Es usted ese hombre o me equivoqué de persona?

Un silencio denso inundó la habitación. Bravo miró a su compañero, asombrado por la revelación. Mendoza se dejó caer en una silla, abrumado por la culpa del pasado. Justo cuando iba a confesar la verdad sobre la muerte de Tomás, la puerta de la sala se abrió bruscamente. Era el comisario jefe de la comisaría, escoltado por dos agentes desconocidos.

—El traslado de la detenida a la prisión provincial ha sido aprobado de urgencia —anunció el comisario con una sonrisa fría—. Entréguenme las llaves de las esposas. Nos la llevamos ahora mismo.

Entréguenme las llaves de las esposas. Nos la llevamos ahora mismo.