El arresto de Inés reveló la traición más dolorosa de toda su familia
Anteriormente: Cuando Inés fue arrestada frente al ayuntamiento, pensó que su vida había terminado, pero la verdadera traición no venía de la policía, sino de su propia sangre.
La conspiración al descubierto
Tras el violento altercado frente al ayuntamiento, Inés fue trasladada de urgencia a las dependencias policiales, donde el silencio de los calabozos se convirtió en su única compañía. El dolor físico de la caída no era nada comparado con el vacío que sentía en el pecho. Las horas transcurrieron lentas y tortuosas hasta que la puerta de hierro de su celda se abrió con un crujido metálico. Para su sorpresa, no era un oficial cualquiera quien venía a buscarla, sino el mismísimo oficial Muñoz, cuyo rostro cansado mostraba una expresión de profunda preocupación.
Muñoz la guio en silencio hasta una pequeña sala de interrogatorios. Allí, sobre la mesa metálica, reposaba una carpeta azul con el sello de la auditoría interna del negocio familiar. Junto a la carpeta se encontraba Alejandro, un respetado abogado penalista de la ciudad al que Inés jamás habría podido pagar con sus modestos ahorros.

—Inés, el oficial Muñoz me ha permitido entrar porque cree que hay algo muy oscuro en este caso— explicó el abogado con voz pausada—. Alguien ha transferido sistemáticamente fondos a una cuenta en el extranjero usando tu firma digital, pero el rastreo de IP no coincide con tus dispositivos.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Inés mientras escuchaba los detalles técnicos de la traición. Clara y Mateo no solo habían desfalcado la empresa que su padre les había dejado en herencia, sino que habían falsificado sus credenciales digitales para que toda la responsabilidad penal recayera sobre ella. El plan era perfecto: Inés iría a prisión por varios años, dejándoles el camino libre para disfrutar de la fortuna y de una vida juntos sin levantar sospechas. Sin embargo, los traidores habían cometido un error crucial que ni el propio Mateo había previsto.
”Sin embargo, los traidores habían cometido un error crucial que ni el propio Mateo había previsto.