Traición · Historia

Arrojó a mi hermana en silla de ruedas al mar sin imaginar mi venganza

Arrojó a mi hermana en silla de ruedas al mar sin imaginar mi venganza — Parte 2
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Anteriormente: Cuando el frío corazón de un millonario intentó silenciar a una heroína de guerra arrojándola al océano, un héroe inesperado emergió de las sombras para hacer justicia.

La fría garra de la traición

Bajo la superficie helada del agua, la visibilidad era casi nula. Mateo nadó desesperadamente, con los ojos ardientes por la sal, buscando la silueta de Valeria. La silla de ruedas se hundía rápidamente hacia el fondo marino, pero Valeria, haciendo gala de su entrenamiento militar, había logrado soltar el cinturón de seguridad y luchaba por subir, aunque sus piernas inmóviles le impedían avanzar. Mateo la tomó firmemente por la cintura y, con un esfuerzo sobrehumano que casi le revienta los pulmones, la impulsó hacia la superficie.

Ambos emergieron jadeando, tragando aire y tosiendo agua salada. Con dificultad, Mateo logró subir a Valeria a la plataforma de baño trasera del yate. Se abrazaron temblando, exhaustos y conmocionados por el roce de la muerte. Sin embargo, la tregua duró poco. Un sonido de pisadas pesadas y el goteo de agua sobre la cubierta de madera los alertó.

Arrojó a mi hermana en silla de ruedas al mar sin imaginar mi venganza

Alfonso, cuya resistencia física desafiaba sus sesenta y cinco años, había logrado escalar por la escalera de emergencia del costado opuesto. Estaba empapado, con el cabello canoso pegado a la frente y una expresión de pura locura en el rostro. En su mano derecha empuñaba una pistola de bengalas náutica, apuntándoles directamente al pecho.

«¿Creían que un par de huérfanos inútiles iban a destruir mi imperio?», rugió Alfonso con la voz ronca por el odio. «Entrégame el disco duro con las pruebas, Valeria, o juro que los quemaré vivos aquí mismo y la policía pensará que fue una explosión accidental del motor.»

Mateo se interpuso inmediatamente entre la pistola y su hermana, protegiéndola con su propio cuerpo húmedo. El ridículo disfraz de superhéroe ahora parecía una armadura de valor real. Valeria, a pesar del frío extremo y del shock, mantuvo una calma asombrosa. Deslizó su mano derecha dentro del bolsillo interior de su chaqueta militar impermeable, buscando algo que Alfonso no podía ver. El millonario dio un paso adelante, con el dedo tenso sobre el gatillo, listo para disparar la bengala mortal.

El millonario dio un paso adelante, con el dedo tenso sobre el gatillo, listo para disparar la bengala mortal.