Venganza · Historia

El chico humillado que decidió dar una lección inolvidable a su acosador

El chico humillado que decidió dar una lección inolvidable a su acosador — Parte 1
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La gota que colmó el vaso

El ambiente en la cafetería del instituto siempre era caótico, un torbellino de risas, bandejas de metal chocando y conversaciones cruzadas bajo la fría luz de los tubos fluorescentes. Al fondo, junto a la hilera de taquillas de color verde oliva, Lucas intentaba aislarse de todo. Con su sudadera azul marino y su habitual cabello rubio alborotado, estaba completamente concentrado en la pantalla de su ordenador portátil. Para él, la programación no era solo un pasatiempo, sino su refugio del hostil ecosistema escolar.

De repente, una sombra alargada se proyectó sobre su mesa. Antes de que Lucas pudiera levantar la vista, el gélido impacto de un líquido pegajoso le golpeó la cabeza. Jacobo, el popular capitán del equipo de atletismo, luciendo su impecable chaqueta bomber verde, vaciaba una lata de cola directamente sobre él con una sonrisa cargada de desprecio. Las risas de los cómplices de Jacobo estallaron de inmediato, apagando el murmullo general de la sala.

El chico humillado que decidió dar una lección inolvidable a su acosador
—¿Qué te pasa, chico? ¿Te ha comido la lengua el gato? —preguntó Jacobo con tono burlón, buscando la aprobación de los presentes.

El refresco goteaba de la capucha de Lucas, deslizándose por sus mejillas y empañando la pantalla de su valioso portátil. Durante unos segundos interminables, Lucas permaneció inmóvil, con los ojos cerrados bajo la capucha empapada. La humillación pública era dolorosa, pero en lugar de quebrarse, una fría determinación se apoderó de él. Abrió los ojos con una mirada de absoluta furia contenida y se puso en pie lentamente, quedando a la altura de su agresor.

—¿Has terminado? —preguntó Lucas con una calma que helaba la sangre.
—Bien —respondió Jacobo, tratando de disimular el desconcierto que le producía aquella inesperada falta de miedo.

Lucas lo sostuvo con la mirada, sin parpadear, dejando claro que las reglas del juego acababan de cambiar por completo.

—Ahora me toca a mí —sentenció con voz firme.

—preguntó Lucas con una calma que helaba la sangre.—Bien —respondió Jacobo, tratando de disimular el desconcierto que le producía aquella…