Traición · Historia

Me culparon de un delito ajeno, pero el infierno de la prisión me hizo fuerte

Me culparon de un delito ajeno, pero el infierno de la prisión me hizo fuerte — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Sara ingresó en prisión acusada de un fraude millonario que cometió su propia hermana. Entre rejas, no solo tendrá que sobrevivir a las reclusas más peligrosas, sino también planear su fría venganza.

La red de mentiras

La victoria en el pasillo fue efímera. A la mañana siguiente, Sara fue escoltada por dos funcionarios armados directamente al despacho de la directora del penal, un lugar donde las paredes de madera oscura ocultaban más secretos que las propias celdas. Al cruzar el umbral, el corazón de Sara dio un vuelco. Sentado frente al escritorio no estaba un inspector de prisiones, sino el abogado de su familia, don Alberto, portando un maletín de cuero gastado y una expresión de pánico absoluto en el rostro.

—Sara, gracias a Dios que estás bien. Tu vida y la de tu hermana corren un peligro inimaginable —dijo el abogado con voz temblorosa, entregándole un sobre arrugado.

Don Alberto le explicó rápidamente la verdad que su familia había intentado ocultar. Natalia, su hermana gemela, no solo la había incriminado para salvar su propio pellejo del desfalco, sino que lo había hecho bajo la coacción de una organización criminal de lavado de dinero de Europa del Este. Ahora, los criminales se habían dado cuenta de que Natalia los había engañado y que las claves de acceso a los cincuenta millones de euros desviados estaban encriptadas en una cuenta de la que solo Sara conocía la contraseña de recuperación.

Me culparon de un delito ajeno, pero el infierno de la prisión me hizo fuerte

Antes de que Sara pudiera asimilar la noticia, la puerta del despacho se abrió de golpe. Entró Roxie, con el labio partido y la mirada inyectada en sangre, acompañada por un guardia que mantenía una actitud extrañamente pasiva. La directora, con una sonrisa cínica, se levantó de su silla y cerró las persianas de la oficina.

—Aquí dentro las cosas funcionan de otra manera, Sara —declaró la directora de forma fría—. Si no entregas las claves que don Alberto te pide, Roxie tendrá vía libre en el patio. Y te aseguro que la próxima vez no saldrás caminando.

Sara comprendió la magnitud de la encerrona. Su exprometido, la mafia exterior, la directora de la cárcel y Roxie estaban compinchados en una conspiración brutal para arrebatarle el dinero que ella nunca quiso tocar. La traición de su propia sangre la rodeaba como un muro insalvable.

La traición de su propia sangre la rodeaba como un muro insalvable.