Defendí a la reclusa nueva del peligro y desaté una guerra en prisión
El primer golpe en el patio
El sol caía a plomo sobre el patio de lavandería de la prisión de Cruz del Sur, un rincón cercado por altos muros de hormigón y alambre de espino donde el único rastro de blancura provenía de las sábanas limpias colgadas al viento. Elisa, una joven reclusa de mirada asustadiza que apenas llevaba una semana cumpliendo condena, se encontraba doblando la ropa húmeda con manos temblorosas. Su uniforme deportivo de reclusa contrastaba con la palidez de su rostro. No vio venir el peligro. Desde atrás, Alba, una reclusa rubia y de complexión robusta conocida por su crueldad, se aproximó con sigilo sosteniendo un pesado tablón de madera que había arrancado de un banco roto.
El impacto fue seco y brutal. Alba golpeó a Elisa por la espalda, haciéndola colapsar de rodillas sobre el áspero cemento. Un gemido de dolor ahogado escapó de los labios de la joven. A pocos metros, Azahara, la corpulenta cómplice de Alba, estalló en una risa burlona, señalando a la víctima con desprecio. Alba, con una sonrisa triunfal, exclamó con prepotencia:

—Esa es la nueva. ¡Ahora es mía!
La escena llamó de inmediato la atención de Tania, una reclusa atlética que caminaba por el patio con el cabello oscuro recogido en una trenza impecable. Tania no toleraba los abusos. Al ver a Alba abalanzarse nuevamente sobre la indefensa Elisa, Tania intervino con una velocidad pasmosa. Alba intentó atacarla con el tablón, pero Tania bloqueó el golpe con precisión quirúrgica, desarmó a su oponente y le propinó una rápida ráfaga de golpes directos que la dejaron aturdida. Con un movimiento rápido y fluido, Tania la tomó del brazo y la derribé con violencia contra el suelo.
Mientras Alba yacía dolorida en el concreto, una voz entre la multitud de presas que observaban en silencio declaró con firmeza:
—Ella no le pertenece a nadie.
Tania dio media vuelta y se alejó del lugar con una calma imperturbable, ayudando a Elisa a ponerse en pie, sin saber que acababa de firmar el inicio de una guerra sin cuartel.
”Con un movimiento rápido y fluido, Tania la tomó del brazo y la derribé con violencia contra el suelo.Mientras Alba yacía dolorida en el…