El día que defendí a una anciana en prisión sin saber quién era su hijo
Anteriormente: Cuando Selena intervino para salvar a una anciana indefensa de la peor abusadora de la prisión, no imaginaba que ese acto de valentía cambiaría su destino tras las rejas para siempre.
La balanza de la justicia
El silencio que siguió a la pelea fue sepulcral. Selena ayudó a Cecilia a incorporarse, mientras la anciana intentaba calmar sus temblores agradeciéndole con voz quebrada. Sin embargo, en un lugar como este, los actos de heroísmo rara vez quedan sin castigo. Apenas dos horas después, la alarma del pabellón retumbó en los pasillos y tres guardias de seguridad irrumpieron en la celda de Selena para conducirla por la fuerza a las oficinas de administración.
Al entrar al despacho del director, el panorama era desolador. Don Alejandro, un hombre de facciones duras y mirada implacable, observaba unos informes con evidente desagrado. A su lado, Isabel lucía un aparatoso vendaje en el brazo y fingía un dolor insoportable, lanzando miradas de triunfo hacia Selena.

«Selena, tu historial ya es problemático y no voy a tolerar agresiones físicas en mi centro. Firmaré tu traslado inmediato a la celda de aislamiento por tiempo indefinido», declaró el director con tono gélido, sosteniendo la pluma sobre el documento de sanción.
Selena intentó defenderse, explicando que solo había intervenido para salvar a la anciana de sufrir quemaduras graves, pero Don Alejandro levantó una mano, sordo a sus súplicas. Isabel sonrió, saboreando su inminente venganza.
En ese instante de máxima tensión, la pesada puerta de madera se abrió de golpe. Para sorpresa de todos, Cecilia entró en la oficina escoltada por un guardia que no había podido detenerla. Al verla, el rostro del imponente director palideció al instante. La pluma cayó de sus manos temblorosas sobre el escritorio.
«¿Mamá? ¿Qué haces tú aquí con ese uniforme?», exclamó Don Alejandro, levantándose de su silla con una mezcla de horror y desconcierto absoluto.
El secreto que Cecilia había guardado celosamente durante semanas finalmente salía a la luz, dejando a Isabel y a los guardias completamente petrificados por la revelación.
”¿Qué haces tú aquí con ese uniforme?», exclamó Don Alejandro, levantándose de su silla con una mezcla de horror y desconcierto absoluto.E…