La dejaron atada en la nieve como una broma, pero el plan era mortal
La broma que se convirtió en pesadilla
El frío de la sierra de Navacerrada era implacable, pero Elena apenas lo sentía debido a la adrenalina que corría por sus venas. Atada firmemente al tronco de un pino centenario, su uniforme militar de gala de color verde oliva contrastaba fuertemente con la blancura de la nieve que cubría todo el bosque. A su alrededor, tres hombres con el uniforme de la Guardia Civil la miraban con sonrisas burlonas. Entre ellos estaba Sergio, su esposo, el hombre en quien confiaba por encima de todo.
—¿Tú eres general? —preguntó Sergio con un tono jocoso, desatando las risas de sus compañeros Mateo y Javier.
Elena intentó sonreír, pensando que todo formaba parte de una de las habituales bromas pesadas de iniciación militar tras su reciente propuesta de ascenso en el ejército. Las lágrimas, mezcla de frío y emoción, rodaban por sus mejillas mientras intentaba zafarse sin éxito de las gruesas cuerdas que le aprisionaban los brazos. Sergio se acercó lentamente, mirándola a los ojos con una intensidad extraña, y de manera casi cariñosa cubrió su boca con la mano, apagando sus quejas risueñas.

Luego, con un gesto pausado, deslizó sus dedos sobre los ojos de Elena, dejándola sumida en la oscuridad del bosque invernal. Ella sintió un escalofrío helado que no provenía del viento serrano. Cuando Sergio retiró las manos, las risas de los tres hombres se apagaron gradualmente. Comenzaron a retroceder hacia los vehículos todoterreno estacionados a pocos metros, dejándola sola contra el árbol.
«¡Sergio, ya basta! ¡No tiene gracia!», gritó Elena, sintiendo por primera vez el aguijonazo del pánico. Pero el único sonido que respondió a su súplica fue el rugir de los motores alejándose por la carretera forestal. La habían dejado atrás, completamente indefensa, en medio de una tormenta que amenazaba con sepultar el bosque bajo un manto de hielo.
”La habían dejado atrás, completamente indefensa, en medio de una tormenta que amenazaba con sepultar el bosque bajo un manto de hielo.