Descubrí a mi esposa atacando a mi madre y desenterré una terrible traición
La traición en el vestíbulo de granito
El aroma de los tulipanes amarillos inundaba el interior del coche de Guillermo mientras conducía de regreso a la imponente mansión familiar en las afueras de Madrid. Había sido un día agotador en el bufete, pero la idea de sorprender a su esposa, Vanesa, y compartir una tarde tranquila con su anciana madre, Beatriz, le devolvía las fuerzas. Estacionó el vehículo sin hacer ruido, deseando que el encuentro fuera una grata sorpresa para las dos mujeres de su vida.
Al cruzar el umbral de la gran puerta principal, el silencio sepulcral de la casa fue interrumpido por un ruido sordo y quejidos de dolor que provenían del gran vestíbulo de granito pulido. Guillermo avanzó con cautela, pero lo que sus ojos presenciaron al doblar la esquina junto a la escalera de roble tallado congeló la sangre en sus venas. Su madre, una respetable mujer de ochenta años, yacía indefensa en el suelo, aferrando con desesperación su bastón de madera para protegerse.

Sobre ella, Vanesa, vistiendo un elegante vestido de seda morado oscuro, la atacaba con una violencia salvaje e inhumana. La escena era tan dantesca que Guillermo se quedó paralizado por una fracción de segundo. El hermoso ramo de tulipanes amarillos resbaló de sus manos, desparramándose por el frío suelo de granito. Al ver que Vanesa levantaba el brazo para golpear de nuevo el rostro de la anciana, el instinto de protección de Guillermo se activó con una furia arrolladora.
¡Suéltala ahora mismo, maldita monstruo!
Con una velocidad ciega, Guillermo se abalanzó sobre su esposa. La tomó firmemente del cabello por la espalda, tirando de ella con tal fuerza que la separó de su madre al instante. Lleno de una rabia incontrolable, le propinó un puñetazo directo en el rostro que la envió al suelo de inmediato. Para evitar cualquier intento de contraataque, Guillermo le propinó una patada y se interpuso firmemente, protegiendo con su propio cuerpo a la temblorosa Beatriz.
”Para evitar cualquier intento de contraataque, Guillermo le propinó una patada y se interpuso firmemente, protegiendo con su propio cuerp…