Destrocé el ataúd de mi hermana en su funeral y revelé una verdad aterradora
Anteriormente: Cuando Jéssica interrumpió el funeral de su hermana armada con un hacha, todos pensaron que había perdido la cabeza. Pero el terrible sonido que provino del interior del ataúd cambió sus vidas para siempre.
La conspiración al descubierto
El sonido de los golpes desde el interior del ataúd desató el caos absoluto en la sala del tanatorio. Con la ayuda desesperada de uno de los empleados del lugar, Jéssica utilizó la fuerza del hacha para hacer palanca y destrozar los cierres de seguridad. Cuando la pesada tapa de madera cedió finalmente, los presentes ahogaron un grito de puro espanto.
Elena estaba allí, con los ojos desorbitados y el pecho agitándose con dificultad en busca de oxígeno. No presentaba ninguna de las heridas catastróficas que Miguel había descrito tras el supuesto accidente. Sus labios estaban ligeramente azulados y su piel lucía una palidez extrema, pero estaba viva. Al ver a su hermana, Elena extendió una mano temblorosa, señalando directamente a Miguel con un pánico indescriptible en su mirada.

—Él... él me lo dio... —susurró Elena con un hilo de voz, antes de romper a llorar desconsoladamente en brazos de Jéssica.
Jéssica comprendió la terrible verdad en un instante. No había habido ningún accidente de coche. Miguel, en complicidad con un médico forense corrupto que resultaba ser su socio de negocios, había administrado a Elena una potente toxina capaz de inducir un estado de catalepsia profunda. El objetivo era enterrarla viva para heredar la inmensa fortuna familiar que Elena debía recibir esa misma semana.
Al verse acorralado y notar las miradas de desprecio y horror de los presentes, Miguel retrocedió lentamente hacia la salida de la sala. Sin embargo, su desesperación lo llevó a cometer un último acto de locura. Sacó un pequeño revólver del interior de su chaqueta, apuntando directamente a Jéssica.
—Nadie va a arruinar mi vida por una muerta de hambre —amenazó Miguel, con los ojos inyectados en sangre mientras buscaba una vía de escape rápida.
Beatriz, la madre, cayó de rodillas llorando y suplicando perdón, revelando en sus lamentos que había sido chantajeada por Miguel para guardar silencio sobre los supuestos problemas de salud de su hija.
”Sacó un pequeño revólver del interior de su chaqueta, apuntando directamente a Jéssica.—Nadie va a arruinar mi vida por una muerta de ham…