Destrocé el ataúd de mi hermana en su funeral y descubrí una verdad aterradora
Anteriormente: Vestida con ropa de prisión y un mazo en la mano, Clara interrumpió el funeral de su hermana Sofía. Todos pensaban que estaba loca, hasta que del ataúd provino un susurro desesperado.
La conspiración al descubierto
Un rasguño sutil pero inconfundible resonó desde el interior de la caja de madera. Era el sonido de unas uñas desesperadas intentando abrirse paso a través de la tela de seda que revestía el ataúd. La multitud retrocedió en un torbellino de gritos y rezos apresurados. Clara, empujando a Arturo a un lado, se inclinó sobre su hermana y comenzó a desabrochar frenéticamente el cuello de su vestido de encaje. El pecho de Sofía se elevó de repente con una bocanada de aire violenta y agónica, y sus ojos se abrieron de golpe, desorientados por el terror de despertar en su propia tumba.
—¡Sofía! ¡Mírame, estoy aquí! —sollozó Clara, tomándola en sus brazos mientras los invitados observaban el milagro con absoluta incredulidad. El plan de Leonor y Arturo se desmoronaba en cuestión de segundos. Al verse acorralada, la tía Leonor intentó recuperar el control de la situación. Con una frialdad espeluznante, levantó la voz para dirigirse a los presentes, intentando convencerlos de que todo era una alucinación colectiva causada por la histeria de una prófuga de la justicia.
—¡No la toquen! Clara la ha profanado. Esto es una falta de respeto a la memoria de Sofía, ¡llamen a la policía de inmediato para que se lleven a esa criminal! —gritó Leonor, con los ojos llenos de una rabia desesperada.
Pero Arturo, paralizado por la culpa y el miedo a la condena eterna, cayó de rodillas sobre las baldosas de la iglesia. El peso de la mentira era demasiado grande para él. Sabía que el fármaco cataléptico que le habían administrado a Sofía debía haber desaparecido de su sistema hacía horas, y que la intervención de Clara había evitado que la joven muriera asfixiada bajo tres metros de tierra.
—Se acabó, Leonor —sollozó Arturo, cubriéndose el rostro con las manos—. Ya no podemos ocultarlo más. Nosotros lo planeamos todo.
”Ya no podemos ocultarlo más. Nosotros lo planeamos todo.