Detrás de las rejas descubrí la traición que me costó la libertad
El sol de justicia de la tarde caía plomizo sobre el patio de cemento de la prisión. El aire, denso y cargado de tensión, apenas permitía respirar a las reclusas que caminaban en círculos bajo la atenta mirada de las torretas de vigilancia. Lorena, vestida con el desgastado chándal gris reglamentario, intentaba mantener la mente lejos de aquel infierno de hormigón. Sin embargo, en un lugar donde la debilidad se paga cara, la tranquilidad es un lujo efímero.
Un golpe inesperado
De repente, una sombra corpulenta se interpuso en su camino. Olga, una reclusa de mirada turbia y complexión imponente, esbozó una sonrisa maliciosa justo antes de estirar la pierna con frialdad. El tropiezo fue inevitable. Lorena salió despedida hacia adelante, impactando con dureza contra el suelo rugoso. El dolor punzante en sus rodillas y palmas de las manos fue inmediato, acompañado por el eco de las risas burlonas de las aliadas de Olga.

A pocos metros, la oficial Silvia observaba la escena con los brazos cruzados. En lugar de imponer orden, la guardia soltó una carcajada despectiva antes de exclamar un fingido:
—¡Ya basta, dejen sus juegos!—, sin hacer el menor esfuerzo por intervenir. Para Silvia, el sufrimiento de las internas no era más que entretenimiento diario.
Pero algo cambió en el interior de Lorena mientras se limpiaba la sangre de las manos. La sumisión que la había mantenido a salvo durante meses se evaporó, dejando paso a una determinación de acero. Se levantó con parsimonia, fijando sus ojos oscuros en su agresora. El patio enmudeció. Lorena avanzó con paso firme, esquivó con asombrosa agilidad el torpe puñetazo que Olga le lanzó y, con una rapidez letal, encadenó una serie de golpes precisos en las costillas y el rostro de su rival. Sin mirar atrás, ignorando los gritos de sorpresa de la multitud, Lorena se alejó con la frente en alto y una calma gélida que heló la sangre de sus enemigas.
”Sin mirar atrás, ignorando los gritos de sorpresa de la multitud, Lorena se alejó con la frente en alto y una calma gélida que heló la sa…