Secretos de familia · Historia

El anciano que me escondió en su taberna frente a mi cruel familia

El anciano que me escondió en su taberna frente a mi cruel familia — Parte 2
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Anteriormente: Una joven aterrorizada encuentra refugio bajo la mesa de una humilde venta de carretera en Castilla, protegida por un desconocido que se enfrenta a su implacable perseguidor.

Diego retrocedió un paso, sorprendido por la resistencia del anciano. Miró a su alrededor con impaciencia, buscando alguna pista física, pero la oscuridad de la venta jugaba en su contra. Tras proferir una última amenaza sobre las consecuencias de entrometerse en los asuntos de su familia, el joven abandonó el local, haciendo rugir el motor de su coche sobre la grava exterior.

El secreto de las tierras

Solo cuando el eco del vehículo se desvaneció en la distancia, Sonia se atrevió a salir de su escondite. Temblaba tanto que Gonzalo tuvo que sostenerla del brazo para ayudarla a sentarse en el banco de madera. Con manos temblorosas, la joven aceptó un vaso de agua mientras intentaba asimilar que seguía a salvo.

El anciano que me escondió en su taberna frente a mi cruel familia
—¿Por qué me ha ayudado? —preguntó Sonia con un hilo de voz—. Podría haber tenido problemas muy graves con ellos.

Gonzalo suspiró profundamente, acariciándose la barba blanca mientras una sombra de nostalgia y amargura cruzaba su rostro. Miró fijamente a la joven, encontrando en sus ojos los mismos rasgos de un viejo amigo al que no veía desde hacía años.

—Conocía a tu abuelo, Sonia. Fuimos compañeros en la cooperativa agrícola durante más de treinta años —confesó el anciano—. Y sé perfectamente por qué tu primo Diego y su padre te están persiguiendo de esa manera tan rastrera.

La joven abrió los ojos con asombro. Gonzalo le explicó que las tierras que su abuelo le había dejado en herencia no eran un simple terreno baldío en la llanura. Bajo el suelo rústico de aquella finca se ocultaba un acuífero subterráneo de agua mineral de incalculable valor, un recurso que una multinacional pretendía comprar por millones de euros. El padre de Diego había falsificado un testamento anterior para apoderarse del terreno, pero el verdadero documento, el que otorgaba la propiedad absoluta a Sonia para proteger el ecosistema local, estaba a buen recaudo.

—Tu abuelo me entregó el testamento original antes de ingresar en el hospital —reveló Gonzalo, señalando una vieja caja fuerte empotrada detrás de la barra—. Sabía que intentarían destruirlo para quedarse con todo.

Sabía que intentarían destruirlo para quedarse con todo.