El arresto de mi hija fue una trampa para destruir a mi familia
Anteriormente: Cuando Emilia fue detenida en el metro por un oficial implacable, no imaginaba que el secreto de su padre desataría una guerra de poder en Madrid.
La red de mentiras se desmorona
Carlos Alarcón cruzó las puertas de la comisaría como un torbellino. Su presencia llenó el vestíbulo de una tensión insoportable. Al ver a su hija Emilia, con los ojos enrojecidos y las muñecas marcadas por el metal de las esposas, un fuego frío se encendió en su pecho. El oficial García dio un paso al frente, intentando mantener una postura de superioridad, pero Carlos no le dio tiempo a hablar.
—No sé cuánto te han pagado por esta farsa, García, pero te aseguro que has cavado tu propia tumba profesional —siseó Carlos, deteniéndose a escasos centímetros del oficial.

—Las pruebas contra su hija son contundentes, señor Alarcón. Hay transferencias a cuentas extranjeras firmadas con su nombre digital —replicó García, aunque un leve temblor en su voz delataba su nerviosismo.
Carlos esbozó una sonrisa carente de toda calidez. Sacó su teléfono móvil y deslizó la pantalla para mostrarle una fotografía de alta resolución. En ella, se veía claramente a García en la terraza de un restaurante de lujo de la Castellana, recibiendo un grueso sobre de manos de Mauricio Varela, el competidor más despiadado de Carlos.
—Esta foto fue tomada hace exactamente tres horas —susurró Carlos—. Mi investigador privado es muy eficiente. En este momento, una copia digital está siendo enviada al departamento de Asuntos Internos y a los principales medios de comunicación del país. ¿De verdad quieres ir a la cárcel por proteger a Varela?
El rostro del oficial García se descompuso por completo. Miró a su alrededor, temiendo que sus compañeros se dieran cuenta del chantaje. Estaba atrapado entre la espada y la pared, sabiendo que su carrera y su libertad pendían de un hilo muy delgado.
”Estaba atrapado entre la espada y la pared, sabiendo que su carrera y su libertad pendían de un hilo muy delgado.