El ataque de mi cuñada en el hospital reveló una traición imperdonable
Anteriormente: Cuando Lucía fue ingresada de urgencia, jamás imaginó que su propia cuñada la atacaría en el hospital. Un terrible secreto familiar estaba a punto de salir a la luz, amenazando la vida de su bebé.
Una trampa despiadada
A pesar de la intervención de la enfermera, Valeria no mostró el menor remordimiento. Con una calma que erizaba la piel, abrió su bolso de diseño y extrajo un sobre de manila cerrado. Con un gesto rápido, lo arrojó sobre el regazo de Hugo, quien seguía abrazando a su esposa temblorosa en el suelo.
—Abre los ojos, hermano —dijo Valeria con una sonrisa triunfante—. Esa mujer que defiendes con tanto esmero es una farsante. Ahí tienes los resultados de la clínica privada. Ese hijo que espera no es tuyo, sino de su antiguo novio del barrio humilde del que nunca debió salir.

Hugo sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Sus dedos temblaron al sostener el documento. Lucía, sintiendo que la calumnia la asfixiaba más que el propio dolor físico, negó con la cabeza desesperadamente.
—¡Es mentira, Hugo! ¡Te lo juro por mi vida y por la de nuestro hijo! Ella quiere destruirnos —gimió Lucía, apretando la mano de su esposo.
Valeria dio un paso adelante, ignorando las advertencias de la enfermera Elena, quien ya estaba llamando a los camilleros para un traslado de emergencia.
—Si decides creerle a esta muerta de hambre, olvídate de la familia. Papá ya ha firmado los papeles para desheredarte si insistes en este matrimonio. Hoy mismo te quedarás en la calle, sin un solo céntimo de la fortuna familiar —sentenció Valeria, con los ojos inyectados de codicia.
Hugo miraba el sobre y luego el rostro pálido y sudoroso de Lucía. El dilema era devastador: la inmensa riqueza que siempre había conocido o la mujer que amaba, quien ahora se retorcía de dolor en un pasillo de hospital debido a la crueldad de su propia sangre.
Elena, la enfermera, intervino con urgencia, ordenando a los camilleros que acababan de llegar que subieran a Lucía. El pulso del bebé estaba bajando peligrosamente y cada segundo contaba.
”El pulso del bebé estaba bajando peligrosamente y cada segundo contaba.