El coraje de una madre en prisión desata una cadena de verdades ocultas
Anteriormente: Sara solo quería felicitar a su madre desde la fría cabina telefónica de la prisión. Cuando una guardia corrupta intentó destruirla, ella decidió defenderse, desatando una red de secretos familiares.
La oferta del diablo
Lejos de reportar el incidente, lo que habría significado el aislamiento inmediato para Sara, Begoña se levantó del suelo limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios. Con una mirada cargada de un nuevo y retorcido respeto, le ordenó a Sara que la siguiera a su oficina privada en el sótano del penal, lejos de las miradas curiosas.
Una vez dentro, Begoña cerró la puerta con pestillo. Sara se mantuvo en guardia, esperando una emboscada, pero la funcionaria simplemente se sentó tras su escritorio de metal y arrojó un sobre de papel marrón sobre la mesa.

Tienes agallas, Sara. Mucho más de lo que tu querido esposo, Alberto, pensaba —dijo Begoña con una risa amarga—. ¿De verdad creías que estabas aquí por un simple error de contabilidad en tu empresa?
Sara sintió que la sangre se le congelaba en las venas. Alberto, el hombre que le había jurado amor eterno y con quien compartía la crianza de su pequeña Sofía, siempre había mantenido una actitud sospechosamente distante desde su arresto.
Tu marido me ha estado pagando una cuantiosa suma mensual para asegurarme de que nunca salgas de aquí con vida —reveló Begoña, disfrutando del impacto de sus palabras—. Quiere la custodia exclusiva de tu hija y el control absoluto de la herencia que te pertenece por derecho familiar.
El dolor de la traición golpeó a Sara con la fuerza de un huracán, pero la rabia no tardó en tomar el control. Begoña se inclinó hacia adelante, proponiéndole un trato desesperado: esa misma noche, aprovechando una inspección ministerial, Sara debía infiltrarse en el despacho del director para recuperar el expediente de sobornos que vinculaba directamente a Alberto con la corrupción del penal. A cambio, Begoña facilitaría su huida simulando un traslado fallido.
El plan era un suicidio táctico, pero era la única oportunidad de Sara para salvar su vida y recuperar a su hija. En la oscuridad de la noche, deslizándose como una sombra por los pasillos prohibidos, Sara logró forzar la cerradura del despacho del director. Con el corazón latiendo desbocado, encontró el expediente azul. Pero justo cuando guardaba los documentos bajo su ropa, el sonido de unos pasos pesados y el haz de una linterna comenzaron a acercarse peligrosamente a la puerta.
”Pero justo cuando guardaba los documentos bajo su ropa, el sonido de unos pasos pesados y el haz de una linterna comenzaron a acercarse p…