Secretos de familia · Historia

Mi padrastro me perseguía para encarcelarme, pero un misterioso desconocido cambió mi destino

Mi padrastro me perseguía para encarcelarme, pero un misterioso desconocido cambió mi destino — Parte 2
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Anteriormente: Tobías huye desesperadamente de su violento padrastro en una noche de tormenta. Al entrar en una cafetería de carretera, encuentra a un hombre que cambiará su vida para siempre.

El regreso del pasado

Con el corazón desbocado, Tobías intentó articular palabra, pero el sonido de la campana de la puerta lo interrumpió. Manuel, su padrastro, entró en el local con paso firme y arrogante, acompañado por dos tipos corpulentos que vigilaban la entrada. Manuel se sacudió las gotas de lluvia de su elegante abrigo y clavó su mirada depredadora en el joven.

Vaya, Tobías. Pensabas que podías huir de mí tras lo que hiciste. Levántate y firma los papeles del accidente ahora mismo. No dejes que las cosas se compliquen más de lo necesario.

Manuel se acercó a la mesa, sacando un documento arrugado del bolsillo. Quería que Tobías asumiera la culpa de un atropello mortal que el propio Manuel había cometido esa misma noche mientras conducía borracho. Tobías se encogió, aterrorizado, buscando la protección del extraño.

Mi padrastro me perseguía para encarcelarme, pero un misterioso desconocido cambió mi destino

Fue entonces cuando Leo se levantó. Su imponente presencia física pareció llenar todo el espacio de la cafetería. Se interpuso entre Manuel y el muchacho, con los brazos cruzados y una expresión gélida en el rostro.

El chico no va a firmar nada. Y tú no vas a volver a ponerle una mano encima, Manuel.

Manuel soltó una carcajada burlona, pero al fijar la vista en el rostro de Leo, su risa se congeló. Sus ojos se abrieron de par en par y dio un paso atrás, perdiendo el color en las mejillas.

¿Leo? No... tú estás muerto. Te encerraron hace quince años. Es imposible que estés aquí.
La cárcel no dura para siempre, sobre todo cuando se demuestra que las pruebas en mi contra fueron plantadas por un cobarde como tú para quedarse con mi esposa y mi hijo. Sí, Manuel. Tobías es mi hijo, y he venido a reclamar lo que me arrebataste.

El pánico se transformó en pura furia en el rostro de Manuel. Sabiendo que su imperio de mentiras se desmoronaba, hizo una señal a sus hombres.

Acabad con él. No saldrá vivo de esta cafetería.

Sabiendo que su imperio de mentiras se desmoronaba, hizo una señal a sus hombres.Acabad con él. No saldrá vivo de esta cafetería.