Traición · Ficción breve

El empujón de mi esposo y mi hermana que reveló su peor traición

El empujón de mi esposo y mi hermana que reveló su peor traición — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Cuando Lucía cayó por las escaleras de su mansión estando embarazada de ocho meses, no imaginó que el accidente revelaría la aventura de su esposo con su propia hermana.

La ambulancia trasladó a Lucía de urgencia al hospital clínico, donde los médicos lucharon contrarreloj para salvar la vida del bebé. Tras una angustiosa cesárea de emergencia, el pequeño Mateo nació milagrosamente sano, aunque debió ser trasladado de inmediato a la incubadora. Lucía, exhausta y con el cuerpo dolorido por la caída, despertó en la fría habitación de la clínica con la única esperanza de abrazar a su hijo y alejarse para siempre de aquellos que habían intentado destruirla.

La trampa en el hospital

Sin embargo, la pesadilla estaba lejos de terminar. Apenas unas horas después de la intervención, la puerta de su habitación se abrió con brusquedad. Alejandro entró apoyado en unas muletas, acompañado por Valeria y un hombre de aspecto severo que sostenía un maletín de cuero. Era el abogado personal de la familia de Alejandro, un hombre conocido por su falta de escrúpulos en los tribunales madrileños.

El empujón de mi esposo y mi hermana que reveló su peor traición
Firma estos papeles ahora mismo, Lucía, o te asegurarás de no volver a ver la luz del sol ni a tu hijo.

Siseó Alejandro, arrojando un fajo de documentos sobre la cama de hospital. Valeria, con una sonrisa triunfal que helaba la sangre, se cruzó de brazos junto a él. Los documentos exigían la renuncia total de Lucía a la custodia de Mateo y la transferencia inmediata de todas sus propiedades a nombre de la nueva pareja. Si se negaba, el abogado presentaría una denuncia formal acusando a Lucía de haberlos empujado por las escaleras en un rapto de locura celosa, utilizando testimonios falsos que ya tenían preparados.

Lucía se sintió completamente desamparada. Débil, atrapada en una cama y sin acceso a su teléfono, miró la pluma estilográfica que su esposo le ofrecía con desprecio. Sabía que si firmaba perdería a su hijo para siempre, pero si no lo hacía, la influencia de Alejandro y Valeria la enviaría directa a prisión. El dolor de la traición de su propia sangre era un peso insoportable que amenazaba con ahogarla.

El dolor de la traición de su propia sangre era un peso insoportable que amenazaba con ahogarla.