Traición · Ficción breve

El empujón en el ático que desveló el secreto más oscuro de mi familia

El empujón en el ático que desveló el secreto más oscuro de mi familia — Parte 1
Imagen del vídeo original

La noche de la traición dorada

La lluvia fina de Madrid caía sobre el ático de la Castellana, empañando los cristales que daban a una ciudad iluminada por miles de luces difusas. Era la noche del gran triunfo de Cosméticos Valenza. Los violines sonaban de fondo, mezclándose con las risas amortiguadas de los empresarios y aristócratas que lucían sus mejores galas. Sin embargo, lejos del brindis de champán, en la terraza exterior, la atmósfera era gélida y letal.

Claudia, con su vestido rosa coral empapado por el agua, respiraba con dificultad. Frente a ella estaba Sara, su socia y supuesta mejor amiga, impecable en un traje de chaqueta color crema que parecía repeler la tormenta. Los ojos de Sara, habitualmente cálidos, se habían transformado en dos rendijas de puro odio.

El empujón en el ático que desveló el secreto más oscuro de mi familia
—Creías que nunca me daría cuenta, ¿verdad? —dijo Claudia, con la voz rota—. Todo este tiempo estuviste desviando el capital a la cuenta de mi tío Alejandro. Nos has vendido, Sara.

Sara dio un paso al frente, con una sonrisa fría que helaba la sangre. No había arrepentimiento en sus facciones, solo una determinación implacable.

—Siempre fuiste demasiado ingenua, Claudia. Te crees la dueña de todo solo por llevar el apellido familiar, pero el cerebro de esta empresa siempre he sido yo. Y no voy a dejar que arruines mi futuro ahora.

Antes de que Claudia pudiera reaccionar, Sara se abalanzó sobre ella. La pelea fue brutal y desesperada. Claudia luchó por su vida, pero la superficie resbaladiza del suelo y la ferocidad de su oponente la empujaron contra la balaustrada de piedra. Con un movimiento rápido y despiadado, Sara la levantó y la arrojó al vacío.

Marcos, el prometido de Claudia, salió en ese instante a la terraza. Al ver la silueta de su amada desaparecer sobre el borde, saltó sin dudarlo para intentar atraparla. Pero Sara, con una frialdad inhumanana, barrió sus piernas en el aire. Marcos perdió el control y cayó también al abismo, mientras Sara observaba la caída con una calma aterradora.

Marcos perdió el control y cayó también al abismo, mientras Sara observaba la caída con una calma aterradora.