El empujón en la azotea que destapó una traición familiar imperdonable
Anteriormente: Una noche de gala bajo la lluvia de Madrid se convierte en una pesadilla mortal cuando los secretos de Claudia, Sara y Marcos salen a la luz de la forma más violenta posible.
La traición oculta en las sombras
La muerte parecía el único destino para la pareja, pero la fortuna les otorgó un respiro milagroso. Dos pisos más abajo, un gran toldo de lona reforzada amortiguó el brutal impacto de sus cuerpos antes de que cayeran sobre la terraza de un apartamento que se encontraba en reformas. Magullados, heridos y sin apenas aliento, Claudia y Marcos se arrastraron hacia el interior del piso oscuro, buscando refugio del frío y de la mirada de Sara.
Mientras Claudia intentaba asimilar el dolor de sus costillas, el silencio del apartamento fue interrumpido por la vibración del teléfono de Marcos. La pantalla iluminó la penumbra. Sin que él lo notara, Claudia leyó el mensaje que acababa de llegar de un remitente desconocido: «El plan ha funcionado. Ella cree que los dos están muertos. Ahora podemos reclamar las acciones». Un frío más intenso que el de la lluvia recorrió la espalda de Claudia. Miró a Marcos, quien rápidamente guardó el dispositivo con manos temblorosas.

«Claudia, mi amor, gracias a Dios estamos vivos. No te muevas, iré a buscar ayuda», dijo Marcos con una voz que de repente sonaba falsa y ensayada.
Claudia dio un paso atrás, comprendiendo la magnitud de la conspiración. Marcos no había saltado para salvarla por amor; todo era un plan orquestado junto a Sara para simular un rescate heroico, ganarse su confianza absoluta y forzarla a firmar el traspaso de los bienes familiares. Sin embargo, la ambición de Sara había superado los límites del pacto, intentando acabar con ambos en un arrebato de locura. Al verse descubierto por la mirada de horror de Claudia, la actitud de Marcos cambió por completo. Bloqueó la única salida del salón en ruinas, acorralándola contra el ventanal.
”Bloqueó la única salida del salón en ruinas, acorralándola contra el ventanal.