El general descubrió quién era la recluta humillada al disparar su fusil roto
Anteriormente: Claudia soportó las burlas de sus compañeros en el campo de tiro sin inmutarse. Pero cuando apretó el gatillo con un fusil roto, el general Vargas descubrió el secreto de su pasado.
La verdad oculta en el cuartel
Claudia contempló la placa de metal que el general Vargas sostenía frente a ella. Las iniciales grabadas en el acero desgastado eran inconfundibles: A. T. R., las siglas de su padre, el sargento primero Alejandro Torres, quien supuestamente había fallecido en acto de servicio quince años atrás. El nudo en la garganta de la joven amenazaba con quebrantar su fría postura.
—Es la placa de mi padre, mi general —respondió Claudia, manteniendo la mirada firme—. Él me enseñó a disparar antes de que me dijeran que su cuerpo jamás regresaría de aquella misión.
Vargas guardó la placa y, con un gesto imperioso, ordenó al resto del pelotón que despejara la zona. Santi y los demás soldados se retiraron murmurando, incapaces de comprender el repentino interés del alto mando por la recluta humillada. El general guio a Claudia hacia el hangar de mantenimiento, lejos de oídos indiscretos.

—Tu padre no murió en esa misión, Claudia —reveló Vargas en un susurro cargado de gravedad—. Su muerte fue un montaje que él y yo planeamos para protegeros a ti y a tu madre de una red de corrupción dentro de la propia división.
La revelación golpeó a Claudia como un impacto físico. Durante quince años había crecido con el dolor de la ausencia, creyendo que su padre la había abandonado al destino de la muerte. Sin embargo, la explicación del general no terminó ahí. Vargas le confesó que Alejandro había regresado en secreto hacía apenas unos días para entregar las pruebas definitivas contra los traidores, pero que ahora se encontraba retenido ilegalmente en los sótanos de la base militar por oficiales que respondían a intereses oscuros.
En ese instante, las alarmas del cuartel comenzaron a sonar con un estruendo ensordecedor. Luces rojas de emergencia tiñeron las paredes de hormigón. El general Vargas miró hacia la salida con evidente preocupación.
—Han descubierto que sé dónde lo tienen —dijo Vargas con urgencia—. Claudia, tu fusil roto es la única arma no registrada en el inventario de la base. Si queremos salvar a tu padre, debemos actuar ahora mismo.
”Si queremos salvar a tu padre, debemos actuar ahora mismo.