El hombre que me levantó del suelo tras ser humillada por mi jefe despiadado
Anteriormente: Jésica trabajaba sin descanso en un lujoso restaurante de Madrid, soportando los abusos de su jefe. Pero un grave incidente y la aparición de un misterioso cliente cambiaron su destino para siempre.
El rescate y una oscura traición
Carlos no dudó un segundo. Se arrodilló junto a Jésica, ignorando los cristales que amenazaban con dañar su propia ropa, y la cubrió con su gabardina antes de levantarla en brazos con extrema delicadeza. Cuando Manuel regresó al salón exigiendo a gritos que la camarera limpiara el desastre, Carlos lo enfrentó con una mirada tan gélida que el dueño del restaurante dio un paso atrás, intimidado. Sin perder el tiempo en discusiones, Carlos llevó a Jésica a su coche y la trasladó a una prestigiosa clínica privada.
Durante el trayecto, Jésica descubrió que su rescatador no era un desconocido cualquiera, sino un respetado abogado que ya estaba investigando las múltiples denuncias de abusos laborales y fraudes fiscales que rodeaban a Manuel. Carlos le aseguró que la protegería y que llevaría a su exjefe ante los tribunales. Sin embargo, la tranquilidad duró muy poco.

A la mañana siguiente, mientras Carlos se encontraba fuera realizando unas llamadas, la puerta de la habitación de Jésica se abrió bruscamente. Para su horror, quien entró no fue un médico, sino Alberto, su exnovio. Alberto, el hombre que la había abandonado meses atrás dejándola con una enorme deuda económica, venía acompañado por un abogado de aspecto siniestro.
Tienes que firmar esto ahora mismo, Jésica —dijo Alberto con una sonrisa maliciosa, arrojando unos documentos sobre la cama—. Don Manuel nos ha hecho una oferta muy generosa. Si firmas este acuerdo de confidencialidad y retiras cualquier acusación, tus deudas desaparecerán.
Jésica se negó rotundamente, pero Alberto cambió su tono a uno amenazante, mostrando unos pagarés falsificados con la firma de ella.
Si no firmas, presentaré estos documentos ante la policía y pasarás años en prisión por estafa. Tú decides —sentenció el cobarde del exnovio, presionando un bolígrafo contra su mano herida.
”Tú decides —sentenció el cobarde del exnovio, presionando un bolígrafo contra su mano herida.