Traición · Ficción breve

El humilde conserje que me salvó del matón más rico del instituto

El humilde conserje que me salvó del matón más rico del instituto — Parte 1
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El otoño en el norte de España siempre traía consigo una llovizna fina y persistente que calaba hasta los huesos. Aquella tarde, el aparcamiento del Instituto El Olivar estaba completamente resbaladizo, reflejando las nubes grises que amenazaban con una tormenta inminente. Emma, una estudiante de último año, caminaba apresurada hacia la salida del centro, intentando proteger sus apuntes de la humedad. De repente, una figura alta y arrogante se interpuso en su camino. Era Conrado, el hijo del hombre más poderoso de la comarca, vestido con su impecable chaqueta deportiva verde con el escudo dorado del instituto.

Con una sonrisa de desprecio, Conrado le dio un empujón seco y deliberado. Emma perdió el equilibrio y cayó de rodillas sobre el asfalto mojado. Sus cuadernos y libros salieron despedidos, cayendo directamente en los charcos de agua sucia. Varios estudiantes que se encontraban cerca se detuvieron, pero ninguno hizo el amago de ayudarla; la influencia de la familia de Conrado los mantenía a todos en un silencio cómplice.

El humilde conserje que me salvó del matón más rico del instituto

Mientras Emma, con lágrimas de frustración contenida, intentaba recoger sus pertenencias arruinadas, una sombra se proyectó sobre el suelo. Justo, el nuevo encargado de mantenimiento del instituto, caminaba con paso firme hacia ellos. Justo era un hombre de pocas palabras, con una barba tupida y una mirada cansada, que siempre vestía una sudadera gris oscuro y una gorra marrón. Nadie sabía mucho de él, pero en ese instante, su presencia emanaba una autoridad silenciosa.

Justo se interpuso físicamente entre el matón y la joven. Conrado dio un paso atrás, sorprendido por la audacia del empleado.

¿Te crees muy duro? Métete con alguien que pueda plantarte cara.

La frase de Justo sonó firme, cortando el aire frío del aparcamiento. Conrado lo miró con rabia contenida, incapaz de procesar que un simple conserje se atreviera a desafiarlo frente a sus compañeros. El ambiente se volvió denso, cargado de una tensión que prometía estallar en cualquier momento.

El ambiente se volvió denso, cargado de una tensión que prometía estallar en cualquier momento.