El juego peligroso en el yate que desenterró la traición de mi hermana
Anteriormente: Lo que empezó como una tarde de risas en un yate por la costa de Mallorca terminó revelando el secreto más oscuro entre mi prometido y mi propia hermana.
El amargo despertar de la traición
El agua salpicó la cubierta de madera mientras yo me aferraba a la barandilla, incapaz de procesar lo que acababa de presenciar. Mi prometido acababa de ser arrojado al mar por mi propia hermana en medio de un ataque de furia. Cuando Martín emergió a la superficie, tosiendo y con los ojos desorbitados por la rabia, nadó apresuradamente hacia la escalerilla del yate. Subió a la cubierta empapado, goteando sobre el suelo pulido, y señaló a Olivia con un dedo tembloroso de indignación.
"¡Esta mujer está loca! ¡Me ha empujado a propósito! ¡Llamaré a las autoridades en cuanto pisemos tierra!", gritaba Martín, tratando de recuperar el aliento y la dignidad perdida.
Sin embargo, Olivia no mostró el más mínimo temor. Con una frialdad asombrosa, se quitó las gafas de sol y sacó su teléfono móvil del bolso de playa, mostrándome la pantalla con manos firmes pero decididas. En ese instante, me di cuenta de que el juego inocente de Martín en mi espalda había sido el detonante de una bomba de tiempo que llevaba meses a punto de estallar.

Al mirar la pantalla, mi mundo se desmoronó. No se trataba de una infidelidad común; era algo mucho más perverso. Martín había estado extorsionando a Olivia durante los últimos seis meses, exigiéndole que firmara la cesión de sus acciones de la empresa familiar bajo la amenaza de revelar documentos financieros manipulados que arruinarían su carrera. Peor aún, la amenazaba con abandonarme en el altar y destruir mi reputación si se atrevía a confesarme la verdad.
Mientras procesaba la monstruosidad de las acciones de Martín, mi hermana dio un paso al frente y pronunció las palabras que terminaron por romperme el corazón. Martín no había actuado solo para obtener esa información confidencial de nuestra empresa familiar. Alguien de nuestro propio círculo íntimo le había facilitado el acceso a las cuentas. Alguien que compartía nuestra mesa y nuestras vidas: nuestra tía Elena, la administradora de los bienes familiares, quien odiaba a mi hermana por haber heredado la presidencia de la compañía.
”Alguien que compartía nuestra mesa y nuestras vidas: nuestra tía Elena, la administradora de los bienes familiares, quien odiaba a mi her…