El milagro en el pecho de Marcos que devolvió la esperanza a su pequeña Claudia
Anteriormente: Cuando los médicos daban por perdida a la pequeña Claudia, un inexplicable fenómeno en el pecho de su padre, Marcos, desafió a la ciencia y abrió una luz de esperanza en la clínica.
La codicia frente al milagro
La atmósfera sagrada de la habitación se rompió abruptamente cuando la puerta se abrió de par en par. El doctor Valenzuela, director general del hospital, entró con paso firme escoltado por dos guardias de seguridad. Valenzuela era un cirujano reputado, pero su corazón se había enfriado hace años por la ambición y el deseo de reconocimiento científico.
—¡Detengan esto de inmediato! —ordenó Valenzuela con voz gélida—. Esto es una anomalía biológica peligrosa. Podría ser una fuente de radiación desconocida. Hay que aislar al paciente en el sótano de investigación.
El doctor Saldaña se interpuso inmediatamente, protegiendo a Marcos y a la niña con su propio cuerpo.

—Director, por favor, mire los monitores. La niña se está curando. Esto es un fenómeno de transferencia vital, un milagro de amor paternal. No podemos interrumpirlo —suplicó Saldaña.
Pero Valenzuela no escuchaba razones. Vio en el pecho brillante de Marcos una oportunidad única para publicar el descubrimiento del siglo y ganar fama mundial. Ordenó a los guardias apartar al doctor Saldaña y separar a Claudia de su padre por la fuerza.
Cuando los guardias sujetaron a Marcos de los hombros y arrastraron a la pequeña Claudia, ella comenzó a llorar desesperadamente, aferrándose con sus débiles dedos a la mano de su padre. Al ver el sufrimiento de su hija y la crueldad de los hombres que debían protegerlos, la luz dorada en el pecho de Marcos cambió drásticamente. El resplandor cálido y pacífico se tornó en un rojo ígneo y violento, y un zumbido ensordecedor comenzó a sacudir las paredes de la clínica, haciendo que las pantallas médicas estallaran en mil pedazos.
”El resplandor cálido y pacífico se tornó en un rojo ígneo y violento, y un zumbido ensordecedor comenzó a sacudir las paredes de la clíni…