Secretos de familia · Ficción breve

El millonario que declaró muerta a su madre para ocultar su humilde origen

El millonario que declaró muerta a su madre para ocultar su humilde origen — Parte 2
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Anteriormente: Marta pensó que su hijo Arturo se alegraría de verla tras años de ausencia. En lugar de eso, él desató una violencia brutal para proteger su gran mentira.

La fría amenaza en el hospital

Horas más tarde, Marta despertó en la camilla de un hospital de la capital. El dolor físico de sus tres costillas rotas y los múltiples cortes provocados por los cristales no eran nada comparados con el vacío insondable que sentía en su pecho. Su propio hijo, el niño que había acunado y por el que había dado su vida entera, había intentado matarla solo para proteger una mentira social.

La tranquilidad de la habitación duró poco. La puerta se abrió bruscamente y, para sorpresa de Marta, no fue el personal médico quien entró, sino Leonor, la altiva prometida de Arturo, acompañada por dos abogados de rostro severo que portaban maletines oscuros. Leonor miró a la anciana herida con un desprecio absoluto, sin mostrar la más mínima empatía por su estado.

El millonario que declaró muerta a su madre para ocultar su humilde origen
«Escúchame bien, vieja loca», dijo Leonor con voz gélida. «Vas a firmar este documento ahora mismo. En él declaras que eres una enferma mental que asaltó a Arturo en su lugar de trabajo y que él solo actuó en defensa propia. Si firmas, tendrás una asignación mensual y te irás de Madrid. Si no lo haces, mis abogados se encargarán de que te pudras en prisión por calumnias y agresión».

Marta observó el papel que los abogados colocaban sobre sus sábanas blancas. Se sentía desamparada, sola en el mundo y sin recursos para luchar contra un imperio financiero. El bolígrafo temblaba entre sus dedos heridos. Justo cuando la desesperación parecía vencerla y estaba a punto de plasmar su firma, la puerta de la habitación se abrió de nuevo.

Un hombre de cabello canoso y porte aristocrático entró en la habitación. Su presencia impuso un silencio inmediato. Era don Alejandro, el padre de Leonor y el verdadero dueño de la constructora. Había estado investigando el incidente del vestíbulo y lo que descubrió en las grabaciones de seguridad lo había horrorizado.

Había estado investigando el incidente del vestíbulo y lo que descubrió en las grabaciones de seguridad lo había horrorizado.