El misterio del reloj grabado que reveló una verdad oculta durante treinta años
Anteriormente: Helena demostró su puntería en un campo de tiro bajo el sol de Almería, pero fue un antiguo reloj con un ancla grabada lo que desató una tormenta del pasado.
La tensión en el campo de tiro se volvió casi sólida. La mano de Arturo apretaba la muñeca de Helena con una desesperación que rozaba la locura, mientras sus ojos alternaban entre el reloj grabado y el rostro impasible de la mujer. Martín, saliendo de su asombro inicial, dio un paso adelante para intervenir, alarmado por la agresividad del viejo amigo de la familia.
La confesión bajo el sol
—¡Suéltala, Arturo! ¿Qué te pasa? Solo es un viejo reloj de mi tío Mateo —exclamó Martín, intentando separar a los dos adultos.
Pero Arturo parecía haber perdido la razón. Su respiración era agitada y el pánico dominaba cada una de sus facciones. Para él, ese objeto era una sentencia de muerte que regresaba de las profundidades del océano tras tres décadas de silencio.

—No es solo un reloj, muchacho —siseó Arturo, sin soltar a Helena—. Este reloj estaba en la cabina de Mateo cuando su barco se hundió. Yo mismo me aseguré de que se fuera al fondo del mar con él... Yo mismo sabotée los sistemas de escape para que nadie pudiera contar lo que pasó. ¡Es imposible que esté aquí!
Las palabras flotaron en el aire del desierto, pesadas y definitivas. Martín se quedó helado, procesando la confesión espontánea del hombre que siempre había considerado un mentor. El misterio de la muerte de su tío Mateo se resolvía de la peor manera posible: mediante la traición del hombre en quien más confiaban.
Al darse cuenta de su error monumental, la expresión de Arturo pasó del pánico a una determinación homicida. Sabía que su confesión ante testigos significaba el fin de su libertad, de su reputación y de su fortuna. Lentamente, deslizó su mano hacia la cartuchera de su cinturón, donde descansaba su arma reglamentaria. Helena, con una frialdad asombrosa, sintió el peligro inminente, pero su mirada permaneció fija en el traidor.
”Helena, con una frialdad asombrosa, sintió el peligro inminente, pero su mirada permaneció fija en el traidor.