El motero que me salvó en la tormenta reveló el oscuro secreto de mi ex
Anteriormente: Lucía huía de su peligroso exesposo bajo una tormenta implacable cuando un misterioso motero se interpuso en su camino, desenterrando un secreto del pasado que lo cambiaría todo.
Cuentas pendientes del pasado
La puerta del café se abrió de golpe, dejando entrar una ráfaga de viento helado y lluvia. Andrés cruzó el umbral con el rostro desencajado por la rabia, flanqueado por dos de sus hombres más peligrosos. Al ver a Lucía oculta tras el imponente grupo de moteros, una mueca de desprecio se dibujó en sus labios.
—Lucía, deja de hacer el ridículo y ven aquí ahora mismo —ordenó Andrés, dando un paso al frente—. No querrás que las cosas se pongan feas en un lugar tan público.
Jairo no se movió un ápice, bloqueando por completo la línea de visión de Andrés hacia la joven. Su postura era de absoluta calma, pero la tensión en sus hombros delataba que estaba listo para la acción.

—Aquí mandamos nosotros, amigo —dijo Jairo con voz gélida—. Y la chica se queda donde está. No nos gustan los hombres que persiguen a las mujeres en mitad de la noche.
Andrés soltó una risa seca y desabrochó su abrigo, dejando a la vista una pistola semiautomática sujeta a su cinturón. Sus guardaespaldas imitaron el gesto, buscando amedrentar a los moteros.
—No tenéis ni idea de quién soy —amenazó Andrés—. Soy Andrés Valenzuela. Tengo a la policía local en mi bolsillo y suficiente dinero para hacer que todos vosotros desaparezcáis sin dejar rastro. Entregadme a mi esposa.
El silencio en el café se volvió asfixiante. Sin embargo, en lugar de amedrentarse, Jairo esbozó una sonrisa cargada de desprecio. Lentamente, metió la mano en el bolsillo interior de su chaleco y extrajo un viejo relicario de plata gastado por el tiempo. Lo arrojó sobre la mesa de madera, justo frente a Andrés.
—Sé perfectamente quién eres, Valenzuela —declaró Jairo, y su voz resonó como el trueno exterior—. Y sé muy bien lo que le ocurrió a Elena hace diez años. Ella también pensó que tu dinero la protegería, hasta que la hiciste desaparecer.
Al escuchar ese nombre, la arrogancia de Andrés se evaporó instantáneamente. Su rostro adquirió un tono ceniciento y dio un paso atrás, con los ojos fijos en el relicario que pertenecía a la hermana de Jairo, la primera víctima de la crueldad de Andrés.
”Su rostro adquirió un tono ceniciento y dio un paso atrás, con los ojos fijos en el relicario que pertenecía a la hermana de Jairo, la pr…