El niño del chubasquero amarillo que buscó refugio en el club de moteros
Anteriormente: Cuando el pequeño Diego entró corriendo en el oscuro club de moteros buscando protección, no se imaginaba que el nombre de su padre desataría un torbellino de secretos del pasado que cambiaría sus vidas para siempre.
Secretos desenterrados bajo la lluvia
Juan Vega había sido el cofundador de la banda, un hermano de armas que todos creían muerto desde hacía una década tras un supuesto tiroteo con una mafia local de contrabando. La revelación de que seguía vivo y de que tenía un hijo era un golpe devastador para la mitología del club. Víctor tomó a Diego por los hombros con una mezcla de brusquedad y desesperada ternura, exigiéndole respuestas urgentes.
Antes de que el niño pudiera explicar cómo su padre había sobrevivido en el anonimato durante tantos años, el estruendo de neumáticos derrapando sobre el barro exterior hizo que todos los moteros se pusieran en guardia. Tres berlinas negras de alta gama se detuvieron frente a la nave. Hombres armados y vestidos con trajes impecables irrumpieron en el local, liderados por un hombre maduro de mirada fría y calculadora llamado Héctor, un antiguo rival del club.

Héctor sonrió con desdén al ver la escena. Explicó que Juan Vega no era el héroe que los moteros recordaban, sino un traidor que les había robado una inmensa fortuna antes de fingir su propia muerte con la ayuda de un policía corrupto. Según Héctor, Juan había estado escondido todos estos años disfrutando del botín, pero ahora las deudas del pasado reclamaban su cobro, y el niño era la llave para encontrar el dinero escondido.
—Entréganos al mocoso, Víctor —siseó Héctor, apuntando con su arma—. Tu lealtad hacia un fantasma mentiroso no vale la vida de todos tus hombres. Juan os traicionó a todos. Solo os usó para cubrir su huida.
Víctor se interpuso entre el cañón de la pistola y el aterrorizado Diego. Su mente trabajaba a mil revoluciones por minuto. ¿Era posible que su mejor amigo lo hubiera engañado de una forma tan ruin, dejándolo cargar con la culpa de su supuesta muerte durante diez largos años? Sin embargo, mirar los ojos inocentes de Diego, que se aferraba a su chubasquero amarillo como si fuera su único salvavidas, hizo que Víctor tomara una decisión irrevocable.
”Sin embargo, mirar los ojos inocentes de Diego, que se aferraba a su chubasquero amarillo como si fuera su único salvavidas, hizo que Víc…