El niño que entró a mi bar de motociclistas con un secreto peligroso
Anteriormente: Un niño de ocho años entra corriendo a un bar de motociclistas buscando refugio. Cuando le muestra una extraña moneda de plata al rudo líder, un secreto del pasado pone en riesgo sus vidas.
La tormenta desatada
Antes de que Marcos pudiera procesar la revelación, el chirrido de neumáticos sobre la grava exterior anunció la llegada del peligro. Tres camionetas negras de vidrios polarizados se detuvieron frente al establecimiento. Hombres con trajes oscuros y armas automáticas descendieron con precisión militar, rodeando rápidamente las salidas del local. El líder de los atacantes, un hombre de mirada gélida y movimientos calculados, entró al bar con un arma provista de silenciador apuntando directamente hacia el pecho de Marcos.
—Entréguennos al chico— ordenó el hombre de traje con una tranquilidad aterradora—. Cumplan con su deber de neutrales y nadie más tendrá que morir hoy aquí.
Marcos miró al niño, que se escondía temblando detrás de sus piernas corpulentas, aferrándose al forro de su chaleco. Luego, miró la moneda de plata que brillaba bajo la luz del bar. El honor entre los de su clase era lo único que mantenía a los hombres con vida en ese mundo despiadado. Romper un marcador de compromiso equivalía a una sentencia de muerte espiritual.

—Este niño está bajo mi protección— declaró Marcos, poniéndose de pie lentamente, haciendo que su imponente figura dominara la habitación—. Y en mi bar, las reglas de la Alta Mesa se respetan.
Con un sutil gesto de su mano, los demás motociclistas del club desenfundaron sus armas ocultas tras la barra y las mesas de madera. El caos estalló en un instante. El ensordecedor estallido de los disparos destrozó los espejos de la pared y las botellas de licor, llenando el aire de humo y astillas voladoras. Marcos arrastró al niño detrás de la barra de metal, usándola como un escudo improvisado mientras respondía al fuego enemigo. Sin embargo, los atacantes eran profesionales altamente entrenados y su número parecía duplicarse a cada minuto. Las municiones de los motociclistas comenzaron a escasear rápidamente, y el líder enemigo avanzaba con paso firme hacia su posición, sabiendo que tenía la victoria asegurada en sus manos.
”Las municiones de los motociclistas comenzaron a escasear rápidamente, y el líder enemigo avanzaba con paso firme hacia su posición, sabi…