Traición · Historia

El oscuro secreto tras las rejas que obligó a Ana a arriesgarlo todo

El oscuro secreto tras las rejas que obligó a Ana a arriesgarlo todo — Parte 2
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Anteriormente: Ana ingresó en prisión con la cabeza rapada y el alma rota, pero cuando vio que la vida de una inocente corría peligro en el patio, decidió romper su silencio.

Una alianza peligrosa tras las rejas

El silencio del patio se rompió cuando los guardias irrumpieron en el lugar, separando a la multitud. Ana aprovechó la confusión para arrastrar a Lucía hacia las duchas del módulo, un rincón temporalmente a salvo de las miradas indiscretas. Allí, con el agua fría corriendo y el eco de las sirenas de fondo, Lucía intentaba controlar el temblor de sus manos.

—Gracias —susurró Lucía, limpiándose las lágrimas—. Si no intervienes, esa mujer me habría matado. No sabes en lo que te has metido, Ana.

El oscuro secreto tras las rejas que obligó a Ana a arriesgarlo todo

Ana la miró fijamente, con los brazos cruzados, mostrando los tatuajes que adornaban su piel como armadura. —En este lugar ya estoy metida en el peor de los problemas. Pero no soporto a los que abusan de los débiles. ¿Por qué Rosa te buscaba a ti?

La respuesta de Lucía dejó a Ana sin aliento. Lucía no era una reclusa común; era la antigua pareja del hombre por cuyo robo Ana había sido injustamente condenada. Más importante aún, Lucía tenía en su poder las pruebas que demostraban que el verdadero culpable era el hermano de Ana, y que todo había sido un montaje orquestado por las altas esferas del penal.

Rosa trabaja para el alcaide. Sabe que tengo un pendrive con los documentos que te exoneran y que prueban que el director de esta prisión recibe sobornos del cartel exterior.

La revelación cayó como una losa sobre Ana. La traición no venía solo de las calles, sino que estaba enquistada en el propio corazón del sistema que la mantenía cautiva. Lucía le confesó que el dispositivo estaba oculto en la biblioteca de la prisión, pero que los hombres de confianza del alcaide planeaban una requisa general esa misma noche para encontrarlo y destruirlo.

—Si encuentran ese pendrive, estamos muertas, Ana. El alcaide se asegurará de que tengamos un "accidente" en nuestras celdas —dijo Lucía, con el pánico reflejado en sus ojos.

Ana comprendió que el enfrentamiento en el patio era solo el preludio de una batalla mucho más grande. Debía idear un plan para recuperar la prueba antes de que los guardias corruptos pusieran sus manos sobre ella.

Debía idear un plan para recuperar la prueba antes de que los guardias corruptos pusieran sus manos sobre ella.