El perro de asistencia que salvó a la maestra de una traición mortal
Un juego inocente en el aula
La mañana transcurría con la apacible rutina de un martes cualquiera en el prestigioso colegio de Madrid donde Catalina impartía clases. Con sus gafas bien ajustadas y su clásica blusa púrpura, observaba con orgullo a sus alumnos de primaria. Esa jornada era especial: habían invitado a Nuria, una adiestradora profesional de la comunidad, para realizar una demostración con Rocco, un imponente pastor alemán que lucía un chaleco azul de servicio.
Rocco caminaba con una disciplina admirable, pero al acercarse al escritorio de la maestra, su comportamiento cambió drásticamente. El can se detuvo en seco, alzó las patas delanteras y las apoyó firmemente sobre la madera, mirando fijamente a Catalina a los ojos. Con una energía desbordante, el perro soltó un doble ladrido limpio y sonoro:

—¡Guau! ¡Guau! —exclamó Rocco, moviendo la cola de un modo que parecía juguetón.
Catalina, divertida por la espontaneidad del animal y queriendo ganarse la simpatía de sus alumnos, decidió seguirle el juego. Se inclinó hacia adelante, sonrió con calidez y le devolvió el saludo con gracia:
—¡Guau! ¡Guau! —respondió la maestra, imitando el sonido a la perfección.
La clase estalló en una ovación de risas infantiles. Sin embargo, Rocco no cesó en su empeño y volvió a ladrar con aún más fuerza. Fue en ese preciso instante cuando Catalina desvió la mirada hacia Nuria. La joven adiestradora, vestida con su sudadera azul marino, no se estaba riendo. Su rostro se había quedado completamente pálido, y su mirada alternaba, con evidente preocupación, entre el perro y el termo de acero inoxidable que Catalina utilizaba a diario para tomar su café de media mañana.
”Su rostro se había quedado completamente pálido, y su mirada alternaba, con evidente preocupación, entre el perro y el termo de acero ino…