El piloto que arriesgó su carrera para salvar a su primer amor
Anteriormente: Elena pensó que su esposo la había acorralado para quedarse con su herencia, pero un inesperado reencuentro a diez mil metros de altura cambiaría su destino para siempre.
La tormenta en el aire
La tranquilidad del vuelo duró apenas treinta minutos. Cuando el avión alcanzó la altitud de crucero sobre las nubes oscuras del invierno peninsular, la señal de cinturones se encendió de golpe. Clara regresó al asiento de Elena, pero esta vez no había calma en su rostro. Con una palidez que delataba la gravedad de la situación, le pidió que la acompañara de inmediato a la parte delantera del avión.
Al cruzar la puerta de la cabina de mando, Elena se encontró con una atmósfera de alta tensión. El copiloto ajustaba febrilmente los controles mientras Alejandro mantenía los auriculares puestos, con el rostro serio y la mandíbula apretada. Al ver entrar a Elena, Alejandro le hizo una seña para que se colocara detrás de su asiento.

—Hugo sabe que estás a bordo, Elena —dijo Alejandro con voz grave—. Ha utilizado sus contactos políticos para emitir una orden de desvío inmediato. Alegan que has sustraído documentos confidenciales de la empresa y exigen que regresemos a Madrid bajo amenaza de intervención federal.
El pánico volvió a apoderarse de Elena. Hugo no solo quería encerrarla, sino que estaba dispuesto a provocar un escándalo internacional y destruir la reputación de la aerolínea con tal de capturarla. Si el avión daba la vuelta, el destino de Elena estaba sellado: un hospital psiquiátrico privado del que nunca saldría.
—No puedo permitir que arruines tu vida por mí, Alejandro —sollozó Elena—. Déjame en el próximo aeropuerto, entrégame si es necesario. No quiero que pierdas tu carrera.
Alejandro se giró en su asiento y la miró fijamente a los ojos, con la misma intensidad de los días en que prometieron amarse para siempre. En ese instante, la radio de la cabina cobró vida. No era la torre de control, sino la voz fría y distorsionada de Hugo, que se había conectado a la frecuencia de emergencia gracias a su influencia.
—Aterriza ese avión ahora mismo, Alejandro —amenazó la voz de Hugo—. Sé perfectamente quién eres y el pasado que compartes con mi esposa. Si no lo haces, te aseguro que pasarás el resto de tus días en prisión.
”Si no lo haces, te aseguro que pasarás el resto de tus días en prisión.