Traición · Historia

El precio de la traición: la madre que luchó desde el infierno por su hija

El precio de la traición: la madre que luchó desde el infierno por su hija — Parte 2
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Anteriormente: Sara fue traicionada por su esposo y encerrada en prisión. Cuando él envía a una peligrosa reclusa para acabar con ella, un secreto inesperado cambia el rumbo de su destino.

La propuesta del diablo

La aparente victoria en el patio no trajo paz para Sara; al contrario, aceleró la tormenta. Esa misma noche, los pasos pesados de un guardia corrupto resonaron frente a su celda. Sin mediar palabra, la esposaron y la escoltaron por pasillos oscuros hasta la sala de visitas locutorias, un lugar que normalmente permanecía cerrado a esas horas. Al otro lado del cristal templado, una silueta conocida esperaba con una postura impecable que contrastaba con la miseria del entorno. Era Javier, su exesposo.

Javier la miró con una sonrisa gélida y cínica, deslizando una carpeta con documentos legales a través de la ranura de seguridad. Sara sintió que la sangre se le congelaba en las venas al leer las primeras líneas: era una renuncia absoluta e irrevocable a la patria potestad de su pequeña hija, Sofía.

El precio de la traición: la madre que luchó desde el infierno por su hija
—Firma, Sara. Es la única forma de que salgas viva de aquí —susurró Javier a través del intercomunicador—. ¿De verdad creías que Dolores te atacó hoy por casualidad? Yo financio su estancia aquí dentro. Si firmas, le ordenaré que te deje en paz. Si no lo haces, la próxima vez no fallará.

La revelación golpeó a Sara con más fuerza que cualquier puñetazo. Javier no solo la había incriminado falsamente para robarle su herencia, sino que ahora controlaba a la mujer más peligrosa de la prisión para obligarla a ceder a su hija. El dolor de la traición se transformó en una furia fría y calculadora.

Al día siguiente, el patio estaba inusualmente desierto de guardias. Mientras Sara caminaba cerca de la lavandería, Dolores apareció de entre las sábanas mojadas. Esta vez, la reclusa no buscaba una pelea limpia; en su mano derecha ocultaba un estilete carcelario de metal afilado. El brillo de la hoja reflejaba la luz del sol. Dolores avanzó decidida, acorralando a Sara contra el muro de ladrillos, lista para ejecutar el encargo que Javier le había pagado.

Dolores avanzó decidida, acorralando a Sara contra el muro de ladrillos, lista para ejecutar el encargo que Javier le había pagado.