El príncipe marcado por la bestia y el secreto oculto del rey
El destino en la arena de Toledo
El sol del mediodía caía implacable sobre las piedras milenarias del coliseo de Toledo, tiñendo la arena de un tono dorado y polvoriento. En el centro del imponente anfiteatro, rodeado por una multitud enfervorizada que clamaba por espectáculo, se erguía Octavius. Vestido con suntuosas túnicas de color azul zafiro y bordados de hilo de oro que reflejaban la luz solar, el influyente consejero real alzó los brazos para imponer silencio. Su voz, potente y cargada de una oscura satisfacción, resonó en cada rincón del graderío:
¡Quien mate a la bestia recibirá un kilo del oro del rey!
Un clamor ensordecedor respondió a su proclama. Segundos después, las pesadas compuertas de hierro que daban acceso a las mazmorras subterráneas comenzaron a elevarse con un crujido metálico que helaba la sangre. Desde la penumbra del túnel, empujado por las lanzas de los guardias, emergió Cristian. El joven, de aspecto cansado pero con una mirada de acero, vestía apenas una túnica destrozada que revelaba las duras marcas de su cautiverio.

No hubo tiempo para lamentos. Con un rugido que hizo vibrar los cimientos de piedra, la gran bestia gris de la montaña irrumpió en la arena. Su cuerpo, cubierto de placas que semejaban rocas, cargó velozmente levantando una densa cortina de polvo. Cristian esquivó el primer embate con una agilidad asombrosa, pero la fuerza del impacto rasgó por completo el cuello de su túnica, dejando al descubierto su hombro izquierdo.
Allí, bajo la luz directa del sol, brilló una cicatriz oscura y dentada con una forma inconfundible. En el palco de honor, el rey Guillermo, un hombre de avanzada edad con una barba canosa y la corona real pesando sobre sus sienes, se puso en pie de un salto. Sus ojos se abrieron con una mezcla de horror y esperanza indescriptible.
Esa marca murió con mi hijo...
Las palabras del monarca, pronunciadas con una voz trémula que delataba un dolor de veinte años, congelaron el ambiente de la arena, marcando el inicio de una revelación que cambiaría el destino del reino para siempre.
”Sus ojos se abrieron con una mezcla de horror y esperanza indescriptible.Esa marca murió con mi hijo...Las palabras del monarca, pronunci…