El relicario de mi madre reveló la verdad oculta que mi padrastro intentó destruir
Anteriormente: Tras años de pasar hambre y frío, Clara confronta a su padrastro en una cocina en ruinas para recuperar el único recuerdo de su madre. Lo que descubre cambiará su vida para siempre.
Secretos sellados con sangre
Tomás permaneció en el suelo, respirando con dificultad mientras se acariciaba la mejilla enrojecida. La incredulidad en su rostro dio paso lentamente a una expresión de profundo terror que Clara nunca antes había visto en él. Lejos de contraatacar o gritar, el hombre parecía haber envejecido diez años en un solo instante.
—No sabes lo que has hecho, Clara —murmuró Tomás, con la voz quebrada por un pánico real—. Crees que te odiaba, pero echarte de esta casa fue la única manera que encontré para mantenerte con vida.
Clara soltó una carcajada amarga, apretando el relicario contra su pecho. No estaba dispuesta a creer en sus mentiras piadosas después de tanto sufrimiento.

—¿Pretendes que te agradezca por haberme dejado morir de hambre en las calles? —le espetó ella, con desprecio—. Quédate con tus mentiras, Tomás. Ya tengo lo único que me importaba.
Tomás se puso de pie con dificultad, tambaleándose antes de sostenerse de la mesa. Sus ojos cansados buscaron los de Clara con una urgencia desesperada.
—Tu madre no murió de una enfermedad, Clara. La asesinaron —reveló él en un susurro que congeló el ambiente—. Ella descubrió que el consorcio de transportes para el que trabajaba estaba siendo utilizado para lavar dinero de procedencia ilícita por orden de Julián Alarcón, el hombre más influyente del gobierno local. Tu madre guardó las pruebas digitalizadas en un microchip oculto dentro del compartimento secreto de ese relicario.
El mundo de Clara se tambaleó. Miró el objeto de plata en su mano con una mezcla de reverencia y horror. Antes de que pudiera formular una sola pregunta, un estruendo violento sacudió la parte delantera de la casa. El sonido de la madera de la puerta principal astillándose bajo el impacto de un ariete resonó como un trueno en el pasillo.
—¡Ya están aquí! —grito Tomás, empujando a Clara hacia la pequeña ventana de la cocina—. Te han estado vigilando. Alarcón sabe que regresaste por el relicario. ¡Huye ahora mismo o nos matarán a ambos!
Clara observó la ventana estrecha y luego la puerta de la cocina, cuya manija ya comenzaba a girar. El pánico amenazaba con paralizarla, pero la verdad sobre su madre requería que sobreviviera para hacer justicia.
”El pánico amenazaba con paralizarla, pero la verdad sobre su madre requería que sobreviviera para hacer justicia.