El impactante rescate de una doctora acorralada por el oscuro secreto de su ex
Anteriormente: Clara pensó que su turno en el hospital de Madrid sería uno más, hasta que su exmarido apareció para silenciarla. Solo la oportuna llegada de un soldado cambiaría su destino.
La cruel extorsión de un hombre poderoso
Martín se arrodilló rápidamente al lado de Clara, ayudándola a incorporarse con suma delicadeza mientras Rex mantenía la mirada fija en el enemigo caído. Clara temblaba incontrolablemente, pero el peligro estaba lejos de terminar. Desde el suelo, Arturo comenzó a reír con una mueca de desprecio, limpiándose un hilo de sangre que corría por su labio superior. Su arrogancia seguía intacta.
—¿Crees que un uniforme y un perro callejero van a salvarte, Clara? —dijo Arturo, levantándose lentamente y sacudiéndose el polvo de su traje de diseñador—. Eres tan ingenua. Si me tocas, tu hermanita Sofía sufrirá las consecuencias.

El corazón de Clara se detuvo por un instante. Sofía, su hermana menor de apenas diecisiete años, estaba en casa estudiando. Arturo sacó su teléfono móvil y mostró una fotografía en tiempo real: un coche oscuro estaba estacionado frente a la residencia de Sofía, con hombres armados vigilando la entrada.
—Un solo mensaje mío, Clara, y mis hombres se la llevarán —amenazó Arturo con frialdad—. Además, el inspector de policía de esta zona trabaja para mí. Si intentas denunciarme, serás tú quien termine en prisión por difamación y negligencia médica.
Martín apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Sabía que no podía arriesgar la vida de un inocente, pero tampoco estaba dispuesto a dejar que un criminal se saliera con la suya. El hospital se sentía ahora como una prisión de cristal donde el dinero de Arturo dictaba las reglas del juego.
—Tenemos diez minutos —continuó Arturo, con una sonrisa de triunfo—. Entrégame los documentos originales que guardas en tu oficina y borra las copias del servidor del hospital. De lo contrario, despídete de tu familia.
Clara miró a Martín con desesperación en los ojos. Estaba acorralada entre la justicia y la vida de las personas que más amaba en el mundo, sin saber que el sargento militar guardaba un as bajo la manga.
”Estaba acorralada entre la justicia y la vida de las personas que más amaba en el mundo, sin saber que el sargento militar guardaba un as…