El rescate inesperado de Raquel tras el desprecio de quien juró protegerla
Anteriormente: Raquel trabajaba sin descanso en una taberna madrileña cuando un brutal empujón cambió su destino para siempre. Entre cristales rotos y lágrimas, apareció un misterioso protector decidido a cambiarlo todo.
El protector inesperado y un secreto del pasado
Ricardo se arrodilló a mi lado sin importarle que la tela de su costoso pantalón se manchara de sangre y polvo. Sus manos, firmes pero increíblemente suaves, apartaron con cuidado los trozos de vidrio que amenazaban con herirme aún más. Al levantarme en vilo, sentí por primera vez en años que no estaba sola en esta batalla.
—Tranquila, Raquel. Ya estás a salvo. Nadie volverá a tocarte mientras yo esté aquí —susurró al oído, su voz transmitía una seguridad inquebrantable.
Me llevó hasta el reservado del local, donde comenzó a curar mis heridas con un botiquín de primeros auxilios que el encargado le facilitó apresuradamente. Mientras limpiaba la sangre de mis palmas, la puerta del reservado se abrió de golpe. Tomás había regresado, escoltado por dos hombres de aspecto amenazante. Su rostro reflejaba una mezcla de rabia y desprecio al vernos juntos.

—Vaya, vaya. ¿Así que ya te has buscado un nuevo salvador, Raquel? —se mofó Tomás, dando un paso adelante—. No te servirá de nada. Sabes perfectamente que me debes hasta el último céntimo de la deuda de tu padre, y pienso cobrarla hoy mismo, por las buenas o por las malas.
El pánico me paralizó. La deuda era real, una trampa legal que Tomás había diseñado para mantenerla atada a él. Sin embargo, Ricardo no se inmutó. Se puso de pie lentamente, interponiéndose entre Tomás y yo. Su postura era la de un hombre acostumbrado a mandar, alguien que no temía a los matones de barrio.
—La deuda de su familia ha sido cancelada esta misma mañana —declaró Ricardo, sacando un documento oficial de su gabardina—. Y si vuelves a acercarte a ella, la policía no será tu único problema.
Tomás palideció al leer el papel, pero la ira en sus ojos reveló que esto no terminaría tan fácilmente.
”Y si vuelves a acercarte a ella, la policía no será tu único problema.Tomás palideció al leer el papel, pero la ira en sus ojos reveló qu…