El rugido de una madre tras las rejas para recuperar a su hija
Anteriormente: Tras ser traicionada por su esposo y encerrada en prisión, Ámbar debe sobrevivir a un letal complot en el patio para limpiar su nombre y recuperar a su pequeña hija.
La última ducha
El vapor denso inundaba las duchas de la prisión, limitando la visibilidad a unos pocos metros. El eco del agua goteando sonaba como un metrónomo de muerte. Ámbar sostenía la fregona con manos temblorosas, pero su mirada era firme. Sabía que la puerta exterior había sido bloqueada por guardias corruptos comprados por el dinero de Lucas. Estaba sola.
De repente, la imponente figura de Rosa emergió de la niebla. En su mano derecha sostenía un estilete de metal afilado. Su rostro ya no mostraba la arrogancia del patio, sino una fría determinación asesina. Sin mediar palabra, se lanzó hacia Ámbar, lanzando una estocada que cortó el aire húmedo.

Ámbar esquivó el ataque utilizando el mango de la fregona para mantener la distancia, pero sabía que no podría resistir mucho tiempo contra la fuerza bruta de Rosa en un espacio tan cerrado. En lugar de atacar, Ámbar gritó con todas sus fuerzas, deteniendo a Rosa por un instante.
¡Lucas te va a traicionar, Rosa! ¿Crees que te pagará el resto del dinero? El mismo hombre que secuestró a tu hermano menor fuera de aquí para asegurarse de que cumplas el trato no te dejará vivir para contarlo. ¡Eres solo un cabo suelto para él!
Rosa se congeló. La mención de su hermano menor desarmó su coraza de hierro. Ámbar aprovechó ese segundo de duda para revelarle los documentos que Alicia le había proporcionado, demostrando que Lucas ya había planeado culpar a Rosa de un intento de fuga fallido para eliminarla a ella también. Al darse cuenta de que era una pieza prescindible en el tablero, la ira de Rosa cambió de objetivo.
Con el dispositivo de grabación de Alicia registrando cada palabra, Rosa confesó detalladamente el trato que había hecho con Lucas, revelando las cuentas bancarias y los nombres de los cómplices externos. Tres días después, las pruebas fueron presentadas ante el Tribunal Superior de Madrid. Lucas fue arrestado en su propia oficina mientras intentaba liquidar los bienes de la empresa.
Un mes más tarde, las puertas de la prisión de Valdemoro se abrieron de par en par. Ámbar respiró el aire puro de la libertad, estrechando entre sus brazos a su pequeña Sofía, quien lloraba de felicidad. La verdadera fuerza no reside en los puños, sino en la justicia que se alza contra la traición.


