Un joven aterrorizado huye de su familia y encuentra un salvador inesperado en la noche
Anteriormente: Tobías corría por su vida bajo la tormenta cuando entró en una cafetería de carretera. Allí, un misterioso hombre llamado Leo decidió protegerlo de la pesadilla que lo perseguía.
Una sombra del pasado
Antes de que Tobías pudiera recuperar el aliento, la puerta de la cafetería volvió a abrirse con un golpe seco. El frío de la tormenta se coló en el local, seguido por la imponente figura de Marcos y dos de sus matones más implacables. Marcos, luciendo un abrigo de diseño impecable que contrastaba con la decadencia del lugar, sonrió con suficiencia al ver al joven arrinconado en el reservado de cuero rojo.
Vaya, Tobías. Has corrido mucho para acabar en este antro. Devuélveme la carpeta y volvamos a casa. Los trapos sucios se lavan en familia.
El joven intentó encogere, sintiendo que el espacio se reducía a su alrededor, pero la mano de Leo se posó firmemente sobre su hombro, manteniéndolo en su sitio. Leo se levantó lentamente, revelando una imponente estatura que pareció empequeñecer a los recién llegados.

El chico no va a ninguna parte con vosotros.
Marcos soltó una carcajada despectiva y metió la mano en su abrigo, dejando ver la culata de una pistola plateada. Sus hombres dieron un paso al frente, listos para actuar. Sin embargo, la calma de Leo no se quebró. Se abrió ligeramente la chaqueta de cuero, mostrando una antigua placa de inspector de policía y un arma reglamentaria.
Me llamo Leo. Y hace veinte años, yo era el hombre que amaba a Julia, antes de que tú la apartaras de mi lado con tus mentiras y tu dinero. He pasado dos décadas esperando que cometieras un error, Marcos. Y hoy lo has hecho.
La mención del nombre de Julia y la revelación de la identidad de Leo congelaron la sonrisa en el rostro de Marcos, transformando su prepotencia en pura rabia.
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